Me preocupa mucho lxs humanxs que no
odian a la humanidad.
Que no sienten revolvérseles las tripas
cuando tienen frente ellxs, ese conjunto de partículas con forma binaria de
cuerpos estereotipados en humanxs.
Sin duda, los filósofos antiguos que
hace siglos sentenciaban que lxs humanxs somos lo peor de la evolución, una
especie de error, la corrupción hacia lo cruel, vomitarían de insatisfacción al
ver lo corto que se quedaron en sus definiciones.
La historia no puede detenerse y al
parecer la destrucción que se entrelaza en nuestra civilización, que
indiscutiblemente llevamos costurada en las costillas, tampoco.
Pero ¿Es la humanidad entendida como el
conjunto de humanxs con todos sus proyectos que trascienden en el tiempo la que
despierta estos pensamientos o es el humanx, ese conjunto de existencia
materializada en huesos, carne y órganos? Puesto que sin la existencia y
desenvolvimiento en el espacio y tiempo de lxs humanxs, no podríamos hablar de
humanidad como proyecto, los pensamientos que luego convertimos en sentimientos
son provocados por y hacia ambas cuestiones.
Lo escoria lo somos en todo los
aspectos, desde lo más mínimo hasta lo máximo, cualquier cosa que podamos
recordar, imaginar o pensar sobre el accionar humano, podrá ser re analizada y
se le encontrará una finalidad egoísta, cutre y miserable.
Al correr de los años, nos hemos
organizados en sociedades dentro de las cuales creamos estructuras basadas en
la explotación, violación y destrucción de lxs más débiles, sin importar su
especie. Estructuras que todxs consiente o no de ello, alimentamos aún
actualmente.
La explotación no solo es de lxs humanos
sobre lxs humanxs, va mucho más allá, es la explotación de lxs humanxs sobre todo
lo existente, tenga o no vida, propiamente dicha.
Conductas, roles, preferencias, gustos,
ideologías, profesiones, hábitos alimenticios, obras de arte, ideas, todo es
creado bajo una cosmovisión
antropocentrista, misma que dentro de su nociva existencia crea la discriminación
en todo los ámbitos humanos; cognoscitiva, económica, étnica, de género,
racial, lingüística, social, laboral, religiosa, ideológica, etc. El
androcentrismo es mortal cuando nos lleva al especismo y al falocentrismo.
El encadenamiento, la mecanización
mental y las dinámicas implantadas en todxs, bajo estas condiciones y para los
fines de mantener este ritmo existencial, nos lleva a la violación de la
libertad de otrxs y de nosotrxs. Nos coartamos a nosotrxs mismxs correlacionalmente
de cómo coartemos a lxs demás.
Nos acomodamos a la idea científica de
que somos lxs únicos seres vivos que pueden razonar, crear, dominar. Nos auto-colocamos
en la cúspide de una pirámide de dominación que nosotrxs mismos creamos y
usamos de respaldo moral este hecho en todo accionar humano corrosivo.
Nos auto-colocamos la categoría de
civilizados y abusamos de la dotación natural y nos creemos con la potestad de
matar para satisfacernos física (consumo de otros seres vivos, autodefensa) y
emocionalmente (deportes como cazar, pescar, tauromaquia).
Cometemos los abusos más crueles a
nuestrxs semejantes, asesinamos por obtener medios para adormecer entre las
manos de unxs pocxs la facilidad de ejercer poder, creamos cárceles para otras
especies y justificamos esta extrema violencia en nuestra seguridad, cuando la
única verdad es que las demás especies deberían huirnos, por su seguridad.
Creamos guerras para apropiarnos de
pedazos de tierra, torturamos a quienes discrepan con este auto-asesinato salvaje que
cometemos nosotrxs lxs humanos, violamos el derecho a la vida, matamos
dignidades, traumatizamos mentes hasta estropearlas, gobernamos con terror y
para el terror, creamos leyes para la regulación sistemática de todxs,
profesamos religiones nocivas que no son más que opio en las multitudes,
implantamos rígidos cánones morales para no salirnos del estricto desfile de mascaras
descorazonadas que es la existencia humana, manipulamos necesidades creando
dependencias emocionales innecesarias, construimos sentimientos para jugarle a
la culpa si intentamos resistir a participar en ésta obra melancólica que
protagonizamos todxs.
Y sobre el caos sin fin que hemos
creado, falsamente nos conmovemos por las consecuencias de nuestra insensatez,
lloramos sobre los cadáveres de niñxs, gritamos a viva voz justicia e igualdad,
nos limpiamos la culpa en todo este juego siendo solidarixs con lxs más
necesitadxs, siendo hospitalarixs con lxs refugiadxs o emigrantes, con lxs desprotegidos.
Ayudando campañas para la no discriminación,
para promover la igualdad de género, dando lo que nos sobra de nuestra inútil
acumulación monetaria a otrxs humanos con enfermedades que nosotros mismos
causamos, fingimos sobreestimar la vida y palidecemos ante la muerte, hipócritamente
celebramos la vida cuando hasta al respirar lo único que le hacemos al planeta
es quitársela.
Ignoramos todo esto por comodidad
cognoscitiva, por el miedo que llevamos implantado en la piel, porque una
mentira dicha mil veces se vuelve verdad y nos han contado sobre la selección
natural, sobre la supervivencia de la especie, sobre el egoísmo innato, sobre
todos esos cuentos escritos por nosotrxs mismxs para mantener este escenario que
se cae solo de tanta sangre que lleva encima.
Nos hemos dicho y hecho de todo para
mantenernos en este falso equilibrio que nos lleva precipitadamente a la
extinción. Y al final del libro, lo único lamentable de todo esta bomba de
tiempo, es que en su estallido no sólo lxs humanxs desapareceremos, a nuestro
paso, llevamos los cadáveres de miles de seres vivos más, que como nosotrxs
mismxs, son sólo víctimas mortales de la humanidad.
Me preocupa que lxs humanos, sintiendo
en entraña propia lo que somos, no se odie a sí mismo y no odie a sus
semejantes, el mundo no necesita mega-proyectos para la reacomodación poblacional
para funcionar mejor, no necesita explorar galaxias lejanas para encontrar
vida, la tiene aquí, justo bajo de nosotrxs, le bastaría con erradicar la
existencia humana, le bastaría con la desintegración mágica de nosotros, los
seres realmente perjudiciales.