me gustaba como deslizaba la punta de sus dedos
por todos mis despeinados mechones
y dejaba en el ese olor cliché a cigarros viejos.
No encuentro lugar en mi memoria
dónde no este su voz,
sus gestos,
su olor.
Me senté nuevamente sobre su cama más de un año después
y el lugar era totalmente extraño
ya no existía ese aura de misterio inaccesible
ya no era un lugar dónde pocas veces se me permitió entrar.
No recordaba ese lugar con ese sabor,
en mi memoria seguía siendo una habitación con vida
y no el desfile de penumbras que fue los últimos
meses.
Los años pasaron y sus recuerdos se fueron quedando quietos
ya no me asaltaba ese dolor en el pecho al pensarlo
ya no se me escapaba esa sonrisa de complicidad
al tocar a diario los restos de un collar
el olor a el se disolvió y lo olvidé.
Olvide los millones de recuerdos acumulados
desde la niñez
olvide su rutina memorizada,
sus objetos fueron acomodándose a mi entorno
su barco de papel, su llavero empolvado, todo
se acomodo a la rutina de mis días.
Olvide el sonar de sus pasos a las 7 en punto
olvide la página del libro que nunca terminamos
olvide el sabor a tu comida
y el eco de tu risa.
La lluvia lo aplastó todo
y volver a su reposo no movió nada en mi
no volví a verle en sueños
no volví a sentir su piel
y con el goteo de los años
también olvide extrañarle.
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