viernes, 9 de octubre de 2015

23

A los 23 años
había sustituido los intentos de suicidio
por tatuajes,
le gustaba recoger caracolas de los caminos
y se distraía fácilmente con el vuelo
de las hojas.

A sus 23 años
disfrutaba los paseos por los cementerios
más que las películas acompañada de los domingos
comía verduras sin sazón 
y lidiaba con una sutil adicción al café.

A sus 23 años
ya había tocado la puerta de 4 terapeutas
le entristecían por las tardes las canciones de jazz
y tenía decorado sus recuerdos
con dibujos cronopiados.

Tenía a sus 23 años
ordenadas las tristezas en profesiones de mediodía
almacenadas las compulsiones bajo
las almohadas de la cama que nunca usaba,
se oxidaban ya sus sueños en el cajón vacío del futuro
y dormitaban sus ganas de vivir
cada vez en riscos más elevados.

Tenía 23 años
y un cúmulo gigante de errores bajo el vestido
tenía 23 años y una pared
indestructible consolidada con sus miedos
tenía 23 años y jugueteaba 
a besar cicutas extintas.

Tenía  23 años y se sentía
sólo por segundos viva.

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