jueves, 27 de agosto de 2020

La piedra

 Los nadies definidos en bandos

Bandos que los nadies no comprenden, 

Nadies de barro y carbón 

Nadies de tela y tiza

Unos cargados de  conciencia y saturados de pobreza

Otros cargados de ignorancia y vaciados de utopías. 


Ambos se cubren la cara, 

unos para verse,

los otros para esconderse

Unos son nadies de a pie

otros los nadies de botas


Juegan en el campo de la historia, 

Para unos es la guerra para otros la resistencia 

Hacen sus desfile de preparación 

Unos en sus manos llevan plomo

los otros los restos íngeos de la memoria 


En un campo de batalla donde las ideas se atrincheras de fondo 

y dan paso al combate agudo por el mañana limpio

Unos escupen balas que desangran las entrañas

los otros catapultan piedras que surcan el aire con futuro y esperanza


Entonces, en esta danza interminable de disputas

La elocuencia se convierte en puntería

La inteligencia se mide por distancias

El violento camino de una piedra en el sustento teórico de la tesis libertaria


Aquí, 

donde la contrargumentación válida es la fuerza

las lecturas son la contabilización de escudos rotos 

ambos nadies por momentos no se ven antogánicos,

se ven,

encuentran buscando desempatar la desigualdad de la historia.


En la calle codo a codo, 

agazapados ambos nadies en trincheras diferentes

provocados por fuegos diferentes

buscando entender, porque se enfrentan ambos nadies.

martes, 2 de junio de 2020

El ocaso

Yo tenía metas realizables,
buscaba un gato a quien llamar Amor,
Noboru o Lerner
y un perro a quien llamar Yugaí.


Guardaba recetas perfectas de comida vegetariana,
tardes agridulces a cielo abierto en el rincón de mis nostalgias 

mi afán era cuidar el sputnik mi amor que me latía en el pecho en los años adolescentes
y diluir con el tiempo los miedos que anidaban con el gorrión de mis ideas


Pero,
me lloviznaron los años y los daños,
libros de filosofía francesa,
la realidad y sus ausencias,
el crecer y sus rarezas.

domingo, 3 de mayo de 2020

Cronología inversa de la conducta masturbatoria en cuarentena.

4.
Intenté contornar los horarios y me obligue a ir a la cama antes de las 3am.
Desconecte todos los dispositivos electrónicos y me fui imposible dormir.

Deambulé entre Keynes y  Álvaro Desleal y fue imposible encontrar confort o sueño.
Me tumbe sobre la cama y ni siquiera me desvestí, sobre la ropa y con movimientos con desdén, inicie el concierto de gemidos.

Encendí mi móvil como quien busca señales de vida desde un faro y envié un mensaje a uno de mis dispuestos amantes, respondió de inmediato y luego de un innecesario cardinal saludo le dije que me masturba y pensaba en él.

Estoy segura que se masturbo al otro lado de la pantalla mientras hablábamos ampliamente sobre mis gestos de dolor cada vez que me penetraba,
de como sentía placer cuando me sometía con un poco de ternura y de como con sólo mis gemidos puedo provocarle una erección.


Entre mensajes y orgasmos llegué a las 3.49am y no sé si temblaba de placer o por la ausencia de sueño.




3.
La bruma del destiempo recorría la casa con total libertad, decidí a las 1:37am poner una lavadora, el olor a audaz me golpeó la nariz haciéndome estornudar repetidas veces.

Me senté a recobrar la respiración mientras mi cabello trenzado golpeaba mi pecho de cuanto en cuanto y rozaba uno de mis pezones, al percatarme repetí el movimiento voluntariamente hasta que la estimulación me hizo lamer mis labios.

Puse ciclo corto y pulse on al mismo tiempo que sumergía mi mano bajo mi corto y ya húmedo short azul. Me masturbe apoyándome en la lavadora los primeros 17 minutos, me sentí chorrear, palpitar y gemir, acabé empapando mi mano mientras miraba el cielo sin estrellas mientras sentía la soledad más viva que nunca.

 Sin estabilizar la respiración, me arrecosté sobre la pared y sin mucho preámbulo propio, volví a penetrarme, con más fuerza que antes, me vine a los pocos minutos y el temblor de mis piernas me hizo sonreír.

Regrese de golpe de mi erotización a darme cuenta que la lavadora había parado, sonreí cómplice conmigo misma, lave mis manos, recogí mi cabello, tendí la ropa, regrese a la habitación y soltando mi cabello, comencé nuevamente a intencionalmente mover el trenzado sobre mis pechos.




2.
Parece que esta rueda mágica del tiempo rechina, cada vez más con total naturalidad y absurdidad.

No recuerdo la última vez que me fui a dormir como un acto consciente.

Eran las 6:00am, el despunte del alba se hacía sentir, puse agua para café y mientras esperaba con los ojos clavados en el muro detrás de la ventana de la cocina, decidí masturbarme. Fue un orgasmo dudoso, paré cuando el temblor de mis pierna y el olor a sexo invadió la cocina, serví el café y me senté en medio de la minúscula sala.

Pensé en lo abrumante que son los días, en dónde encontrar trigo fresco para alimentar al con cenzontle de mi pecho, en las palabras gritadas de Nacho Vega sobre la solitud.
Degusté el café en total silencio.



1.
A destiempo y por rutina, ocurrió.

Fue quizá la 5ta o 4ta vez del difuso día, solté mi cabello, senté a la orilla izquierda de la cama y pensé a quién escribirle y fantasear.

Voy a recordar como me la metés mientras me toco escribí y el mensaje desembocó en 3 números diferentes.

Dos, respondieron al instante con peticiones vouyeristas, otro, ofreció su compañía.

Me vaciaron sus respuestas, me desnude, solté el móvil, tomé agua y me metí bajo la sabana a follarme con inicial ternura, pensé un poco en uno de ellos, en lo violento de sus labios y en las 4 maneras favoritas que tiene de jalarme el cabello, en su olor, en su gesto preeyaculatorio, en el sabor de su semen, en las marcas que dejan sus mordidas en mi piel.

El primer orgasmo llegó antes de lo esperado, cambie de posición y de intensidad, siempre seguí pensando en él, en la suavidad con la que toma mis caderas, en el ritmo de su cuerpo sobre el mío y en el tono de su voz cuando me da ordenes. El segundo orgasmo fue prolongado y el más placentero. Tome el móvil, grabé dos audios, uno a él, el otro a lo más cerca de lo prohibido. El tercer órgano fue por vicio y amor a mis gemidos, mi cuerpo cedió al cansancio antes que mi mente.

Y justo ahora mientras redactaba esto sobre la húmeda hoja de papel de mi escritorio, las letras se volvieron tan extensamente excitantes y  comencé a masturbarme de nuevo.

sábado, 2 de mayo de 2020

Día 49

El aislamiento ha sido absoluto, llevo semanas sin salir al patio y empece a dormir de día para huir del sol.

He dejado de responder los mensajes de texto y voy cerrando de a poco la comunicación interhumana porque me parece innecesaria, prescindible.

Suelo ver con perspicacia los dispositivos tecnológicos en busca de rastros de invasión virtual y los sonidos de la solitud sólo los dejo romper por mis pensamientos que rebotan en cada pared.

Bebo más café que agua y comer se convirtió en el único protocolo inamovible, hago el desfile de cuarto - baño - cocina en calcetines para despistar mis pasos y evitar que los miedos que se durmieron debajo de la cama se despierten.

Deje de sentir ansiedad, deje de ver noticias y deje de sentir prisa. El desdeñoso tiempo se me diluye en leer textos de otros mundos, rever las mismas series de televisión porque me niego a diálogos nuevos y a escribir compulsivamente.

Mis pesadillas se han convertido en deliruims tremes los últimos días y son habitadas por Borges y Olivero. Despierto cada mediodía con ropa que desconozco, sin ánimos de salir de cama y con un espejismo de hambre.

De cuándo en cuando 9 aparece y parece que rompe en colores todo a su paso, de cuando en cuando el sonar de los aviones rompe en olores nuevos el ambiente, de cuando en cuando.

sábado, 18 de abril de 2020

De nuestra generación


Somos los niños que soñamos explorar al mundo con el capitán Nemo.
Los que seguimos perspicaces todos los pasos silenciados en la calle Morgue.
Este ejército de araucarias deshidratadas en la antesala de la puerta de Harry Haller
Los que comprendimos primero la importancia de llamarse Ernesto que la dimensiones del arte de amar

Soportamos en las entrañas el miedo a tener en el pecho animales misteriosos que nos comieran el alma y nos convirtieran el corazón en un paisaje de en Orán o Comala
Resistimos todos los veranos en nuestros propios Macondos
Construimos en andamios la esperanza y la espera
Y vimos pacientes nuestras vidas sufragar a los abismos, saltar de los ricos, estrellarse en cada túnel y convertirnos en pájaros jaulas

Nos vieron danzar al son de inmensas preguntas y chocar de golpe, cual pelícano en suicidio, con nuestro propio país de la agonía, nuestra cárcel del piel y nuestra condena de la desconfianza.
Nos vieron perder el rumbos de nuestros sueños sin ser las grandes mentes de nuestra generación,
Dar un último aullido
Buscar el último barco de Caronte sin éxito.

Nos dejaron hundirnos sin piedad
Como acto de desapego
Como victoria de la enseñanza
Y como venganza por la existencia.

jueves, 19 de marzo de 2020

Expropiación de un naufragio.

Dejar de escribir como forma de castigo
saltarme las pausas con tabaco
morder la sangre que salpican tus palabras
vivir en los días inversos

Organizar la rebelión de la tristeza
militar en la causa de tu olvido
armarme con la sobra de tu último café
y atrincherarme armada hasta la valentía
con cada una de tus mentiras
adormitar entre mis brazos la esperanza
para cada mañana sin verte despertar
gastarme calendarios de nostalgias

Desayunar un simulacro de yo puedo
construir andamios de disculpa y culpa
besar al salir tus labios lejanos
reducir a imperceptible la resaca del dolor
y sonreír al pensar este naufragio.

martes, 17 de marzo de 2020

Vómito del quinto mes.

Caminé por el paisaje infernal
con la razón y el poder en mi cruz,
simulé personajes alejados de todas las realidades
y rompí mil veces la malolientes paredes psiquiátricas

No habían internos esperando abrazos en la puerta
ni poetas gritando a viva voz viscerales versos.
Había ausencia de delirios líricos
Escasez de empatía y cúmulos enormes de desesperanza

La dicotomica diferencia se mezclaba en los patios
y cada mirada desorbitada era una puñalada de futuro,
Un escupitajo de pudriente porvenir,
atiborrado de vertiginoso vacío,
saciado del abismo más profundo de perturbación

Los gusanos que se comían la piel y las ideas
era la única señal de vida.
La puerta sucia de metal
un portal a un desfile suicida
a un paisaje de mil anocheceres sin luna ni estrellas.
Una oscuridad azulada o verdosa
cual preferencia de anciano desahuciado
encogido al margen social
desechado de cada placer
abortado de la vida.

Versos en cuarentena.

¿Cuántos versos tendré que esbozar antes de mi próximo fracaso?
¿cuántos atajos deberé cerrar para no volver al olor de tu cuello?
Para no regresar al punto y coma de tus labios.

Para no llenarte de pestañas en mis sueños,
y llevarte sutil en los suspiros.

¿cuánto más deberé naufragar hasta llegar a la isla de tu olvido?

¿Dónde deberé encallar para sumergirme en la playa de tus piernas?
Una ultima vez,

o en definitiva,
hospedarme la eternidad de una cuarentena en las siluetas de tus ausencias.