sábado, 30 de diciembre de 2017

Sin título.

Me desperté entre el asco y la soledad
de golpe sentí mis meninges craneales crecer
me mordió la boca un sabor a alcohol rezagado
y la moral desplegó un desfile diminuto de culpas
que no pudo aplacar.

Estaba más sobria que ebria,
como  hace días no me sentía,
estaba consciente y recordaba lo que no necesitaba
sentía palpitar mis ideas
sentía la vida a punto de vibrarme en lágrimas

Sentí como un golpe en el estómago,
la soledad, 

el fracaso,
las ausencias

la vida reventándome como un huracán en el pecho,
el cúmulo de llanto reprimido queriendo brotar por las venas
las facturas sin pagar de cada error
el miedo cruzarme la piel

Incapaz de afrontar la destruida realidad
no encontré otra salida de emergencia
que no fuera un cilindro lleno de liquido anestesiante
que no fuera otra forma de huir.


martes, 12 de diciembre de 2017

Inicio de final.

Caminaba en el borde,
al lado de la miseria
solo necesitaba un soplido para caer
para tomar la tristeza como hogar
y tus secretos  con sabor a mentiras escondiéndose en la basura
fueron un huracán a destiempo
marcando el final.

domingo, 10 de diciembre de 2017

El amor no es siempre suficiente.

Llegamos,
a empujones,
cuesta arriba,
haciéndonos piedra y corriéndonos sobre nuestros fantasmas,
llegamos.
Y no, no había chanpangne ni fuegos artificiales,
no había un cartel de final o felicitación; nada,
solo un silencio que se nos deslizaba hasta los talones y en nuestros rostros un boceto de sonrisa que nos mantenía latientes, vivos.

La carrera había durado casi 4 años en los que nos hicimos metamorfosis, mariposa y gusano.
Nos desdibujamos y pintamos demasiadas veces, tantas que en cada trazo nuevo de pintura se me quedaba un poco el corazón.
Pero ocurrió,
el invierno tomó de rehén a la felicidad y nosotros que no sabíamos cuidarnos huimos horrorizados por el mido al futuro lleno de dolor,
corrimos y nos corrimos varias últimas veces y puerta tras puerta, poniéndole candados y perdiendo las llaves,
construimos habitaciones llenas de kilómetros de distancia


Tus manos fueron mi número de la suerte
una carta escrita en braille, un beso lanzado al aire en un vagón de tren
mis clavículas sin duda alguna tu mordida favorita
nuestros pies rozandose en forma de calor doliente,
en forma de un <quédate un poco más, que hace frío a la distancia>
en forma de curame los restos de piel, curame de mis propias manos

No supimos que hacer con las capas de pintura de labios ajenos
con los armarios llenos de tristezas decoradas, de cartas sin leer
De te quiero mal colocados, sobrantes, apresurados
de te amos diferenciados, con sabor a pasado,
de plazos invencibles de lealtad pesada
de miserias de amor y listas de orgasmos fingidos.

No intentamos más reinventar el amor
nos cercó un invierno interminable

nos cansamos de los suspiros
de los capítulos de futuros inciertos
nos quedamos sin amor y sin salidas de emergencia.

sábado, 14 de octubre de 2017

La dedicatoria de un suicidio.

Era martes, como todos los últimos 100 días, una mierda,
el calendario marcaba 10 y no sabía si debía celebrar un mesesario o un falso avance en la superación de un trauma ocurrido exactamente hace 7 meses, una noche también lluviosa.

Decidida a demostrarme los avances en mi terapia experimental, opté por celebrar
sin haber realmente razones para hacerlo.
Pero, ahí estaba yo con mi mochila llena de comida para preparar lo que sería
"mi cena de mesesario" y quizá una minúscula esperanza de que él lo recordara
y colocara entre mis piernas las sobras de su gastado amor.

No fue así, no sólo lo olvidó y las tretas del tiempo
nos resultó tirando a mirar la luna en ciudades diferentes
no sólo se sumaron motivos a mi cuaderno entero de razones para morir
si no que entendí que el sin razón de sumar meses en una relación tan fracturada
debía parar.

Esa noche no sólo me aplastó la tristeza y decepción
no sólo la culpa y el autoodio me escupió la cara
a la fiesta de errores también se sumó
una salida de emergencia hacia la persona que me colapsó
hace 7 meses
y sentada frente a ella, mientras nuevamente se alcoholizaba
mientras mentalmente me torturaba una y otra vez recordando lo ocurrido
hace 7 meses y esa misma noche
entendí que mi poder de autodestrución, también debía parar.

sábado, 30 de septiembre de 2017

El trabalenguas de la culpa.

A la mierda la esperanza
a la mierda la razón
la sublime agonía de la miseria nos traspasa la existencia
la mediocridad no hay cigarro que la calme
no hay borrachera que la apague

La verborrea insignificante de existir
la culpa convirtiéndose en nuestra piel
negra, blanca, amarilla, la que sea
melanina y culpa nos cubre las podridas entrañas

Culpas resagadas
guardadas en cajones y fotografías
culpas sangrantes,
chorreantes como lava volcánica por los lentos días de nuestra semana
nuestros días opacos de tanta desesperanza
de tanta bazofia

Cúmulos de culpas apiladas al lado de la cama
ordenadas alfabéticamente en el armario
tirabas sobre los basureros en las esquinas
prostituyéndose en las noche por cada venida

Culpa de ser puta
de ser violada
de fracasar
de vivir
de nacer
de desatinar
de amar equivocadamente
de no poder morir

Carrusel de estúpida culpa
culpa palpitante en la teta izquierda
culpa golpeándome en la sien
culpa vomitando tras una comida

culpa, culpa, culpa

culpa madre de cada fracaso
cada caída
cada autodestrucción.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Narración de hechos inservible.

Faltan algunos días para mi cumpleaños número 24 y ante la infaltante pregunta de "¿qué querés de regalo?" yo solo quisiera contesta: estar muerta. Más allá de lo poéticamente adorable que es la figura de la muerte, quisiera de verdad estar muerta.

Y no aspiro a una muerte rimbombante, llamativa o pretenciosa, deseo meramente la inexistencia.

 Tenía  10 meses de haberme mudado a la Ciudad de la furia, una ciudad llena de prontitud. De esa prontitud relojeada que suele cortar el apetito.

Víví 10 meses llenos de todo lo que llena la vida y comencé a tenerle de nuevo un gusto a los cigarros a escondidas y a las mordidas. Viví con quien entonces era el hombre que amaba, mi novio y con un gato.

No superaba mi rutina al promedio de la ciudad, un trabajo mediocre y mal pagado, jefes prepotentes, incapacidad académica a causa del cansancio, depresión nocturna por sentir que se echa la vida a la basura y un vicio permanente para placebo de tanta mierda. En mi caso, belmont azul.

El curro, la universidad y mi departamento estaban bastante cerca, no me salía de una región de 9 cuadras para desarrollar a plenitud mi día. Una jaula bastante grande que no evitaba sentirme suicida todas las noches.

El tiempo me compaginó con un amigo  que no veía hace algunos años, el reencuentro fue casual y no desagradable. Compartiamos gustos y vicios por lo que no fue difícil que surgiera la típica frase "Pásate por mi apartamento y fumamos". Pasó una vez, otra vez y así algunas más.

Era marzo, era viernes y era 10. Llovía, johder si que llovía. Era nuestro mesesario y había tenía una pelea con mi novio (primer error), el había salido con sus amigos y yo salí inesperadamente tarde de trabajar.

Camino a casa a las afueras de un bar me encontré con mi vecino-amigo y me convenció de ir a su apartamento, había montado una fiesta con personas conocidas. Segundo error.

Llegamos y a partir de aquí las ráfagas de recuerdos golpean un tanto más fuertes. Ellos bebían cerveza y yo fumaba los incambiables belmont azules. Había tenído un día especialmente agotador, así que planee hablar un poco con todos e irme lo más pronto posible. Justo cuando ya me iba, uno de ellos accidentalmente me tiró cerveza en la ropa, por lo que entré al apartamento a intentar quitarme el olor. Tercer error y de aquí en delante, cada respiro lo fue.

Quité mi camisa para limpiarla y como estaba segura que todos estaban afuera no creí necesario poner cierre a la puerta del baño. Ocurre. El vecino-amigo, que llamaré a partir de aquí el idiota entro a la habitación. Estaba lo bastante borracho para tambalear como un borracho pero no lo suficiente para descoordinar como uno.

Me tomó del antebrazo con la suficiente fuerza para hacerme sentir miedo. Dije una única vez, soltame. Todo pasó tan rápido y a la vez tan lento, Me tomó del cabello y me tiró a la cama, sentí libertar y profundidad al caer, quise estar muerta. Enloquecí y grite entre tanto llanto que me ahogaba, estaba aterrada. Comenzó a ocurrir y yo no podía creer que esto estuviera pasando de nuevo, yo no podía creer que ésto estaba matándome de nuevo.

Estaba asustada, me comenzó a tocar el clítoris con tanta brusquedad que dije "Me duele" y él se detuvo. Respiré y le dije "no me hagas daño" el idiota estaba lo suficientemente exitado para que pudiera sentirlo, tomó mi mano y la puso sobre su pene, sentí asco e intenté correr. Me halo por el brazo y me dijo "vos aquí te quedás puta" y ahí asumí que no podía hacer nada, que gritar no serviría de nada y no podía salir de ese cuarto en el que asquerosamete sonaba Joaquín Sabina.

Sentía hundirme, sentía la sangre correr por cada una de mis venas, sentía tanta culpa conmigo misma por haber actuado tan irresponsablemente, si, estaba culpándome.

Su olor a cerveza me destrozaba los sentidos, no sabía que alguien podía ser tan fuerte hasta que puso su mano sobre mi pecho y o no podía moverme ni un poco. "No deberías hacer ésto" dije y él, que a este punto no sabía si realmente estaba ebrio, sonrió y se alejó de mi. Fueron unos microsegundos de tanta confusión que me quedé quieta, esperando realmente que hacer y  queriendo que todo fuera un mal sueño, me levanté de la cama y caminé hasta la puerta cuando de pronto, no sé como él me tomaba nuevamente por el brazo (dejándome un hematoma que modeló ahí durante unos días). En la habitación no existía más luz que la de la pantalla de una computadora,  entre tanto mareo, tanto miedo y tanta furia, sentí en mi cuello una pistola. Si, el idiota tenía una.

Lo que ocurría rozaba con el terror, amenazó con dispararme y yo que quería morir le dije que lo hiciera, por respuesta obtuve un golpe en la cara y un "quitate la camisa", lo hice. Comenzó a morder y besar mis pechos, a tocarme; a hacer sonidos mientras ejercía sobre mi cuerpo una fuerza que quisiera olvidar. Levantó mi falda y movió mi ropa interior y comenzó a tocarme, no sé cuanto tiempo fue, no quiero saberlo, yo solo pensaba en que no era posible que eso estuviera pasando, en que no debía estar pasando y que no quería que pasara. Lloré aunque sabía - y me lo decía a mi misma- que no serviría de nada. Lleno de sudor comenzó a penetrarme,  y yo pensaba en las miles de cosas que hubiera podido cambiar para no terminar así, siendo violada por quien en no sólo una vez convergí en espacios de lucha social, por quien en más de una vez debatí sobre feminismo, por quien lleva tatuada en alguna parte de su cuerpo un símbolo de izquierdas. Era la teoría hecha realidad; los machos progre nos violan, era el patriarcado enseñandole que podía justificar esa agresión, eran muchas cosas dándome golpes en la sien.

Estaba realmente destruida, un tsunami de frases me rompían los parpados, confieso que en algunos microsegundos de esta tragedia físicamente sentí placer, sentí mi cuerpo reaccionar ante la estimulación y sentí culpa y asco. Nunca nadie me dijo que esto pasaba, había acompañado procesos, leído sobre testimonios y nadie lo decía antes. Nadie. Aún ahora, sentada frente a una frívola computadora, no logro entender y no logro perdonarme esa reacción biológica.

El idiota terminó, pero para mi sólo comenzaba la travesía en descenso a la autodestrucción. Se quito de encima y me tomó la mano, "perdón" -dijo- y en mi vida había sentido tanta confusión ante una frase. Me levante de la cama, me acomodé la ropa y salí, así, como que el peso de la vida no me quebraba el pecho, salí sin despedirme de nadie, salí dejando ahí mis últimos suspiros de vida.

Caminé sin rumbo, con ideas difusas a explotar, me senté  y lloré por horas, quizá, hasta quedarme dormida en una acera, me despertó un poco de lluvia y la aplastante y miserable sensación de estar viva. "¿Qué hago a las casi dos de la mañana luego de esto?, ¿a quién llamo? ¿me suicido? ¿llamo a mi pareja? ¿denuncio? ¿fue real? ¿fue mi culpa? ¿llamo a alguna amiga?" todas las respuestas fueron no.

Me quedé ahí, con la existencia hecha añicos entre mis temblorosas manos, con la solida realidad de estar sola, realmente sola en una ciudad enorme que parecía devorarme. Y ahí comprendí que la soledad nos vuelve vulnerables. No existía ni una sola persona en el planeta a la que pudiera acudir,  esa sensación es lo más indescriptible que he experimentado.

Nunca necesité tanto en mi vida un abrazo como esa noche, al tiempo de rondar por ahí regresé a mi apartamento y comencé a odiar cada centímetro de él. Horrorizada por el pánico me quedé inmóvil  en mi misma. Decidí seguir, ignorar esa noche, refutar cada teoría psicológica que plantea que la asimilación de un hecho traumático próximo es improbable y no sano, yo en mi inmenso desatino me callé.

Me odie, me autoflagelé, me golpee, fumé compulsivamente todos los días próximos, y si antes ponía muros a mis acercamientos interpersonales ahora había construido murallas indestructibles. Me aislé de las pocas personas que me rodeaban, incluso mi pareja.

La rutina me parecía irreal, el trabajo, la universidad, el trabajo, la universidad. Todo se desvanecía y los días se diluían entre recuerdos, llantos en el baño, quemaduras de cigarros autoprovocadas y autoflagelación. Fue invariable, nadie lo sabía y nadie lo sentía. Aunque pesaba cada vez más, creía que podía controlarlo, además; no había mucho por hacer.

La existencia los próximos dos meses fueron una basura, mi mal humor se había colado en toda mi existencia y las peleas constantes con mi pareja me desgastaban hasta la médula espinal. Él creía saber que algo ocurría y yo creía poder lidear con ésto sola.

¿Por qué no se lo conté? porque no quería aceptar lo que había pasado, creía, emulando a la inrrespondible pregunta sobre si un árbol se cae en el bosque y no ha nadie para escucharlo, hay o no sonido, que si nadie lo sabía el hecho se borraría. Error. Grave error.

Dos meses después, ante un colapso bastante evidente se lo dije, sin detalles profundos, sin mucho énfasis y comprobé que nadie podía ayudarme, nadie podía salvarme de éste naufragio, aunque su apoyo emocional volvió más confortable la agonía, no la evito.

Muy tarde me autoconvencí que debía denunciar, lo hice. Pero como los eventos desafortunados nunca se vienen solos, entre exámenes extraviados, testigos que mintieron y desequilibrio emocional de mi parte, la falsa justicia de un país injusto dictaminó que no había suficiente pruebas contra el idiota, y bueno, no procedió el caso. En compensación me "recomendaron asistir a terapia psicológica por si había existido delito". Si, viví en carne propia lo que es que el sistema judicial de un país te revictimice, te juzgue, te violente y no te haga justicia.

Me mudé de la ciudad en la que me destruyeron por completo, pero ni mudarme a otro planeta quita el asco que aun siento, el miedo que a veces me asalta de imprevisto  y me hace sudar, no me se va esta tristeza permanente, esta soledad aplastante que me aísla, esta culpa, la culpa, la maldita culpa.

Han pasado 6 meses y aún me autolesiono, he estado oscilando en periodos en los que aparentemente lo controlo y otros donde el desastre ocurre y me emborracho, lloro, grito, me enojo y colapso, han vuelto antiguas enfermedades alimenticias, me he perdido y recuperado entre tanta locura, pero aunque todo ha dolido con un dolor que jamás pensé soportar, he sobrevivido.

Han pasado 6 meses y por primera vez  desde un poco de anonimato me animo a contar mi historia, no sé con qué objetivo, quizá porque creo fielmente que la verborrea literaria cura algunas heridas que ni el tiempo podrá, o porque quiero de alguna manera advertir lo que ya sabemos y que parece que olvidamos, que aunque sean de izquierdas, aunque sean aliados, aunque sean amigos nos pueden violar porque tienen el poder, la licencia moral y la hipocresía a tope para hacerlo, quizá porque quisiera que al contar ésto a nadie nuca en su vida le sucediese y que si sucede, se tenga la certeza que no importa la forma, ni el lugar, ni quien agrede, NUNCA es nuestra culpa.


ICM

Cuatro años después
la culpa y el descontrol se instalan nuevamente
con todo su equipo de mudanzas
en el comando superior de la razón

El oBjetivo es claro:

reducción de miedo,
el autocastigo comanda el cuartel de los impulsos
y el brazo izquierdo se delinea por los límites de alerta.
de la amenaza autodestructiva

Es el segundo ataque
ésta vez no hay pánico
no hay hUida,
ésta vez su ejecución es justa
reboza en esta guerra las ganas de salvar
necesidad de sobrevivir
deseos profundos de existir

Los asaltos son controlados
parámetros rotatorios de ausencias y sobre presencia
evitación de olores,
sabores
control puntual sobre de ingesta
registros medidos de dIferencias gustativas
y límites inamovibles de sensaciones

El recuento de daños es ocultado
el nerviosismos  el frío irrumpen sin piedad
sobre la seca y descascarada piel
el cansancio toMó por asalto los días
y la irritabilidad se convierte en el único comer diario

Lo visto ante la realidad se vuelve difuso
nada duele más que el autoreconocimiento
el sentIr la carne incrustarse en el alma
y el estrépito sonido de la burla

Nada hiere más que las ideas
el miedo y la impotenciA
nada cambia, nada termina
nada deja de acorralar a cada pensamiento
nada evita el caos.

domingo, 17 de septiembre de 2017

La soledad.

Es una sombra
un susurro
una grieta que refleja el tiempo
cenizas de las horas destruidas

Un café helado,
en la comisura desgastada de una boca
unos labios inanimados con besos insaboros
insentibles

Los párpados entre abiertos

de todas las noches de desvelo
lo vacío de un olor de un abrazo
el compromiso absurdo de una sonrisa y un saludo

Sucumbe entre cada gota de sudor
cada lágrima invertida
el despertar con una silueta al lado
y la puñalada real de no sentir
del cansancio y la desolación de un bostezo

Marcha en desfiles de colores
y sabores por el piso sucio
de una habitación que se derrite con el humo
se clava en la pausa dolorosa de cada quizá
y protesta ante el susurro de cualquier compañía
y demanda con rabia la oscuridad.

Nogales.

Me he mojado en diferentes playas
y he destruido un par de muelles
destruí con la fuerza de un beso,
cimientos profundos de mentiras
y construí sobre cenizas de otros pies,
castillos impensables e indestructibles

He sido huracán
cuando sólo quise ser recuerdo
he sido oscuridad y desatino
cuando he creído amar

He sido tromba de naufragio

de a quien solo quería salvar
he fracasado y me han fracasado,
siempre.

Líquido disonante.

Dibujarte con palabras
cada centímetro de tu cara
verte en el bostezo
entre cada ráfaga de disparos
que son tus párpados

Difusamente reconstruiste
entre el recuerdo de tantos labios,
otros labios

El ejercicio de pensarte en todas las dimensiones
construirte con mentiras
erotizar tus traiciones

y desvestirte con sabores ajenos.

Septiembre

Escribo desde el dolor carrasposo
desde la soledad de una tarde desolada de dinosaurios
con el olor a cigarrillo incrustado en cada mechón del cabello
con el recuerdo de todos los lugares a los que juré llevarte,
bailandome en los labios

Desde el susurro que nunca se convertirá en sonido
desde el color a cada clavo y espina que desgarró mi piel
desde la penúltima cuerda del ring de la cordura
desde el olor a cornisa derrumbada
y desde mi cuerpo posado sobre cada escombro

Desde el miedo  volverme monstruo

y la necesidad imprescindible de serlo
desde el último suspiro de mi corazón destruido
desde el coraje sintiente de unos muros agrietados

Desde unos muros protectores que se derrumban
ante la última pedrada,
en la última batalla,
en el último suspiro,
el último motivo

Con las manos que conocieron hasta tu última mentira
y recorrieron cada recoveco de tu cuerpo
Con los ojos que bailaron al ritmo de cada abandono

Urge tu partida ante éstos ojos que nunca fueron
más que faroles reflectantes que te vieron siempre como magia
exclaman éstos labios ardientes
no pronunciar nunca más tu nombre.

La última de las mordazas.

Los besos esculpidos
la sal apilada en lágrimas
peldaño a peldaño
caída a caída
la liviana sutileza de perderte

La voz a la deriva
las autopistas de tus clavículas arrítmicas
el proceso de verte existir
todo resumido al silencio de verte partir

Las palabras atoradas
inconclusamente libres
los porqués saltando en la cornisa de un siempre

los suspiros irse,
venirse
diluirse en medio de un quizá

El inexistente miedo al futuro
la autopsia de cada error
de cada desatino
de cada beso mal colocado

Los espejos empañados diciéndonos un nunca más
las cicatrices latiendo en cada piel
el silencio que nos grita que nadie vino a salvaros
y nos escupe el rotundo y solitario eco del adiós.

martes, 15 de agosto de 2017

Rutina

Se volvía rutina el diluirte
el verte correrte entre los espacios
la vida o la risa
saborear los sonidos vacíos de la casa al irte
ver las estampas volar sobre el polvo que nos alejaba

Se volvía rutina la rabia contenida
el miedo desfigurándose en una escasez de caricias
el sabor al tabaco que se filtraba en tus ausencias
el perderte con intenciones de buscarte

La rutina de los sellos de autobuses
los kilómetros entre verdades y tus labios
mis alteregos chocando contra cualquier desliz que figuraba ser salida
la cicatriz de una vida estrellada contra la lluvia
la suavidad
cada equivocación erupcionando con destellos

Mis ojos, un teléfono que se cansa de sonar
nuestras uñas recorriendo recovecos
todas las soledades aplastadas en cualquier conversación
tus manos, lejos de mis manos

Se volvía rutina los desatinos
los cúmulos de maletas y mentiras
los viajes, las distancias, el vicio
se volvía rutina el dejarnos
tocarnos sin percibirnos, 
huirnos
amarnos sin destino y sin prisa
sin sabor y sin peligro.

sábado, 15 de julio de 2017

Disparo.

Corrías y chocabas de golpe
en un gigantesco muro
caías y asegurabas tener fuerza
para otra ronda más
temblabas y te veíamos perder
y te veíamos seguir

Nadie te dijo que no serviría de nada
Nadie tomó tus puños cansados
y te dijo "detente"
algunas, aveces, quisieron tocarte y decirte
"basta de gastarte"
Pero,
eras tan ágil
te veías tan viva
que no pudimos cortarte las alas
aunque tu único destino, era el sol.

Sueños a cielo abierto

Trastoca hasta la soledad
disuelve los sueños
y la perfección se vuelve alivio

Huir se convierte en el único plan
la obligación de vivir ahoga
y mentir se justifica.

La culpa de las heridas y las risas desaparece
y la tristeza es el cielo y la luna
la totalidad y absurdidad.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Croc.

Estaba decidida. Hoy compraría el conflictivo moccachino suprime; conflictivo por razones ideologías: era vegana y anarquista. Hace 6 días había estado a 5 minutos medicos de un paro respirstorio. Las últimas 72 horas sus tardes se fragmetaron en salas de espera de hospitales y prolongadas siestas calurosas. Entre un cambio completo de tratamiento para su crónica asma la doctora le prescribió aumento en la ingesta de nutrientes. Luego de una reflexión agotadora y versátil decidió incluir reducidas dosis de lacteos por 6 meses, ni un segundo más. Hacía la fila en el café donde solía entrar regularmente a comprar el inamovible -hasta ahora- americano grande con 4 de azucar.
Le recorría la espalda un culpa helada, pensaba en los 34 lempiras de diferencia entre un producto y otro, juagaba mentalmente en qué cantidad de frutas podría comprar, mangos, jocotas o cocos. Divagaba en sus cosas por hacer y la incomodidad de su decisión, enlistaba mentalmente cada uno de los ingredientes de su futura experiencia gastronimica, sintiendo la culpa cada vez más pesada. Pensaba en que no estaba segura cuales eran esos ingrediente e imaginaba como se obtenían cada uno de ellos, imaginaba realmente ya que a diferencia de muchas personas veganas, PETA y sus gráficos mataderos de vidrio no habían pasado por ella, era vegana natural y nunca había sido capaz de pasar de los primeros 8 segundos de tortura animal visual. Cobarde hasta la médula. Se montaba una cutre guerra mental que la mantenía ensimismada cuando a lo lejos como el susurro de un río de manera ascendente y en marco desenfocado se comenzó a dibujar la silueta. Estaba a contra luz, en la única puerta del local: descalza y dando brincos, acariando con repetidas patadas la sucia alfombra principal, como descubriendo texturas impercibidas. Cargaba libros de colorear de personajes del Disney. Se los mostraba a una señora sentada en la primer mesa, ésta le preguntaba el precio pero la silueta estaba perdida en una danza merecedora, sin prisa respondió algo que no se escucho hasta la fila de café. Nadie más la veía, nadie se redescubría en esa silueta de niña que estaba justo frente a la vida siendo feliz, nadie la apreciaba. El debate interno moralista antiespecista comenzó a darle nauseas. Mientras ella discurria en planteamientos elitistas el mundo fuera de sus párpados pesaba. El mundo fuera de los párpados de la silueta aplastaba. Se sintió cruel y miserable, reconoció en la silueta la felicidad perdida entre los libros de textos, la impuesta madurez política y la congruencia ideológica. Deseó con todas sus fuerzas ser esa silueta que entre su probablemente forzado trabajo se reía en el lugar adecuado y de manera inapropiada. Se quedó inmóvil con la nostalgia instalada en los labios viendo a la silueta abofetearle - sin saberlo- todo su mundo, se sintió inexistente entre la absurdidad que es la existencia en ese lugar, sintió caerse en un agujero negro. Nauseas. En una descomposición sensorial del tiempo sintió desnudarse las entrañas y por un instante rebribro en ella esas ganas locas de ser incorrecta, de patear el mundo cual pelota de fútbol o pilotear sus sueños infantiles como un cometa. Una vibración le trajo a la linea de tiempo de las 5:15 pm. Sin saber como paso cargaba un helado y pesado vaso, la silueta se había perdido de sus pupilas, se había llevado su fugaz esperanza. Caminaba cuál autómata hacia el punto de reunión acordado, la vibración le recordaba que sus 15 minutos validos de tardanza pasaban y que en menos de un segundo su realidad agendada comenzaba.

martes, 17 de enero de 2017

El relato de un prometo intentar no hacerte daño.

Con el cigarro goteado a medio apagarse, con más huesos que piel y empapada de lluvia en ese momento del dolor donde las horas no importan, estallaba en su pecho la constelación de un protocolo de ruptura.
Las alertas habían tomado la razón por asalto y el caos a timón navegaba de irracionalidad a irracionalidad. Estaba derrotada y el pronóstico sólo era navegar en el dolor.
Se desdibujaban de golpe los últimos 3 años; mudanza, simulacros de maternidad, series de televisión frente a la pantalla de la computadora, comidas, libros, risas, huelgas, besos, orgasmos, manías, dibujos, viajes, la vida; guión  a guión.
En la oscuridad bajo la lluvia incansable de un domingo abrumador; ella era el perfecto boceto de la decadencia de la existencia. Absurda, figuraba más como una escena final de un libro juvenil o el poema contemporáneo español.

Era tan de manual depresivo, tan de asco a vivir. Sufriendo, destruida, a piezas sueltas, con mil canciones y fragmentos de poesía trazados en la garganta tratando de acomodar alguno en el enorme hueco de su pecho y otro en el tono de su llanto.
La ciudad le pareció tan violenta, plana, cruel y vacía. Al lado de la carretera, desenfocada por las luces de los autos no sabía si cruzar o lanzarse a uno de ellos, pensando en el suicidio tangible como una salida económica razonable. 

Rotundamente perdida, sin chispazos de esperanza ni de salvación, en medio de la crueldad de la realidad de un enero azul, solamente era una chica más que expulsaba  a gritos su fracaso, a la que le dolían los poros por la frustración de no tener un salvavidas y huir volar en el.