Y te llenas la habitación con papeles manchados de tinta
a la vez que llenas el colchón olvidado con tu sudor
mis cartas que te obligan a coleccionar cosas inservibles
a guardarlas al rededor de tus silencios.
La ruta de mis pupilas enrojecidas se desliza por los
cuadros simétricos del suelo
o sobre las piedras pequeñas de las noches de soledad,
tu voz que ha mutado no me dice que me ama
o si, pero no lo dice, lo escupe,
con el veneno que se sienten las mentiras
sobre las cortadas de los recuerdos.
Desde hace semanas que mis besos no te aman,
que te los doy sin ímpetu,
en esas semanas no te diste cuenta que estaba tan muerta que no podía gritar,
que me seque tanto
por dentro que me quedé a tu lado,
que me esforcé tanto por llegar al final que no me importo
destruirme,
en fin, hace semanas que he sido un gato.
De esos que corren bajo los chubascos de la tarde
y buscan el refugio incontrable en las noches negras
de esos que te llaman y hacen ruido por una caricia
que se acercan con miedo por un poco de pan.
Hace semanas que soy un animal asustado
que se dio cuenta que no puede ser feliz.