Ojalá siempre exista ese planeta
las hojas rotas de tu cuaderno
los países olvidados
las canciones predilectas
Las tardes donde los fantasmas me abrazan
me susurran cuanto duele perderles
cuanto hiere la ciudad
Escribo sobre la ruina de un nuevo cuerpo
desde una casa que se cae a pedazos
desde la angustia que ha perdido los horarios
desde la ausencia de cosas dolorosas
del dolor aquel que nunca gritamos
y terminó por cogernos a golpes, hasta tumbarnos.
martes, 30 de agosto de 2016
Doce y veintinueve
La tristeza se camuflajea entre la ciudad
cruel, vacía y triste.
La figura de las cicatrices entonan su conocida canción
por el surco de la ruta de las lágrimas
se dibuja un cóctel de pedacitos de dolor
La defensa bajo cero
el sonido de un corazón que se rompe
y en su eco agónico, finje una sonrisa
la incapacidad de pedir ayuda
suplantada por prioridad en otras
La voz apagada, sin ánimos de existir
una lista de cosas realizadas a medias
torturas autoinfringidas
el vaivén del matar o morir
las ideas, girando al compás de un ventilador que se achica, se agiganta, se achica, se agiganta.
Un sol grotesco, que lentamente se enfría
una mirada llena de piedad breve
los miedos y sus garras
un mundo lleno de ángeles sin fe
mudanzas de baúles, gatos y soledades.
Los cúmulos viajando rápido
los paisajes impregnados de sonidos
una radio que nos grita que no hay salidas
una rutina que nos deja sólo cadáveres
humedad invadiendo la casa
cruel, vacía y triste.
La figura de las cicatrices entonan su conocida canción
por el surco de la ruta de las lágrimas
se dibuja un cóctel de pedacitos de dolor
La defensa bajo cero
el sonido de un corazón que se rompe
y en su eco agónico, finje una sonrisa
la incapacidad de pedir ayuda
suplantada por prioridad en otras
La voz apagada, sin ánimos de existir
una lista de cosas realizadas a medias
torturas autoinfringidas
el vaivén del matar o morir
las ideas, girando al compás de un ventilador que se achica, se agiganta, se achica, se agiganta.
Un sol grotesco, que lentamente se enfría
una mirada llena de piedad breve
los miedos y sus garras
un mundo lleno de ángeles sin fe
mudanzas de baúles, gatos y soledades.
Los cúmulos viajando rápido
los paisajes impregnados de sonidos
una radio que nos grita que no hay salidas
una rutina que nos deja sólo cadáveres
humedad invadiendo la casa
humedad invadiendo los ojos
una vida que se desgasta.
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