Jamás...
¿Por qué no se quedó en el cielo como los demás?, no se imagina la
dimensión de su travesura.
Y en su defecto los ángeles pasan siempre, a toda hora por todos los
cielos, nada es para siempre preciosa, nada...
Es esto lo que nos salva, saber que nada es para siempre, nos salva de
nosotros mismos y de los demás... nos salva de la pus en que nos
convertimos y de las cicatrices que dejamos.
Pudimos hacerlo eterno, yo sé que sí, yo tenía todo para lograrlo.
Un puente no se construye de un solo lado mi niña de ojos café, yo
arruiné el cemento, los bloques y el amor.
Nunca fuiste mía, fuiste tuya, era lo que me faltaba entender, amarte
mientras solo te amabas, aprenderlo.
Aprender lo aprendido no es aprender, que no se te canse el corazón de
querer, que es doler, porque si no, ¿de qué nos sirve?...
Quisiera que te fueras, vos volves en el repertorio y en la poesía,
para explicártelo mejor... “Volves en esa cicatriz que duele en madrugadas como
esta” que me acompaña el unicornio de Silvio y el Velero de Brel.
Vos volves en el café amargo, en la ausencia de tus manos, estas
envuelta en la tristeza de “Jacques”, de “ Esta noche” y de “No digas nunca jamás”...
Las ondulaciones de tu cabello se deslizan entre las estrellas que no brillan
cuando llueve y tus labios se dibujan extrañándome en las nubes del ocaso...
Vos volves a mi cuando abro tu libro con olor al último cigarro, cuando
pienso que envejecen mis ideas, el recuerdo es tuyo, cuando nadie más se empeña
en odiarme y amarme, de la forma particular que es tuya, tan tuya que tu nombre
lleva.
Tu nombre se resbala por mis caderas, por las calles caminadas, por el
eco de tu voz... Tus gemidos irrumpen con fuerza mi piel en las noches que hace
calor, ¡hasta mi fiebre te extraña!
¿De quién será tu poesía ahora que estas lejos de mí?
Mi poesía solo puede ser tuya, porque vos la creaste cuando me
destruiste, y ahora es todo lo que te ofrezco, mis versos repletos de
enajenaciones, tan prácticos para sacarme de esta lipidia, tan sutiles para que
no los conozcas, tan tuyos porque los inspiras y tan simples para que los
olvidemos.
De dónde más podría surgir tanta poesía en mal estado si no es del
estomago borracho de los que sufren desamor severo, crónico, devastador... Mi
poesía que fue tuya y ahora es del viento, incubó también en el amor, en labios
que besaron y quemaron, en manos que golpearon e ideas que quebraron. ¿Que
podría ofrecerte yo más que mis manos inútiles para tu musa lejana? Mis ojos
pesados cansados de soñar, con vos, sin vos, en vos...
Te ofrezco un trato, de esos que solo se hacen bajo las lunas de
octubre aunque estemos en enero... de esos que se conjuran en sanatorios
mentales... Rompé en mi las sobras de tus letras, sangra en mi espalda desnuda
solo para vos la tinta del este dolor, que nos consume, que nos consume...
Acepto todo el dolor que traiga consigo el tenerte conmigo, porque para
eso rompí la distancia, me desgarraba por dentro, me niego rotundamente a
perderme en el aburrido panorama del no-sufrir, al fin y al cabo, así sangro
esta poesía inexistente en el paralelo lado de mi mentalidad.
Te enamoraste de la destrucción y el caos, y ya me has declarado
culpable, y en tu juicio has olvidado algo querida mía, algo importante y
vital, quizá mi voz, o mi piel, quizá saber que también me destruyo con vos,
que caigo peldaño a peldaño, que me desato y ato junto a las cuerdas de tus
ideas más olvidadas, que me sumerjo en los ácidos tóxicos de los silencios
nocturnos, de las ganas abominables de vos, haz olvidado querida mía, que el
caos nunca se ha creado unilateralmente, has olvidado que también sos terremoto
y tsunami, que sos árbol y pantano, que fuiste amor y desamor servidos en el mismo vaso... y olvidaste que nuestras almas bailaron los rituales más
prohibidos de complicidad...
¿Acaso podría enamorarme de la paz y serenidad?, me lo cuestione aquella
mañana que arrebataste mi camino para preguntar cuál era el nombre del ser
en el que depositarías todas las ideas
desoladas que tenias, y yo pensando que curaría tus heridas, pero me volví
impaciente y comencé a construir muros que no dudarías en derribar con esa
persuasión a la que me sometía.
¡Cuantas preguntas te formulaste sin las nubes! ¿A caso tus dudas no se
disolvieron con la primer galleta bañada en sudor, con los besos sobre gatos
blandos, camas blancas, cielos negros, con los arrebatos infantiles, entre
peluches de colores y sabor a cerveza fría, entre mentiras tiritantes y decisiones
equivocadas?
¡Que la noche nos perdone por quemar los barcos en islas equivocadas,
que el cielo no me queme por querer besar tus gruesos labios prohibidos!
¿Recordará tu cuerpo mis inquietas manos o la quietud de la actualidad
abra borrado el rastro de mis uñas sobre tu piel?
Yo cerraba mis ojos a cada imagen errante a mis expectativas, yo creaba
conceptos, yo pintaba mundos, yo creía teorías vacías, yo no necesitaba tanto,
me bastaba con un beso sobre la suavidad de tu cama, eso acababa con cualquier
conflicto que amenazara mi estabilidad.
Esas huellas están difuminadas, pero son tan imborrables como tu figura
a mi tacto, en algún momento te dije que era hecha para mí, mira, un error más.
Tu sencillez siempre fue tan inocente, tan pura, tan frágil... a veces
princesa mía, a veces regreso a vos, como un asesino a la escena del crimen, y
quisiera verte destruida totalmente, implorando por mi miel, pero vos siempre estás
ahí lastimándome con tus brazos en forma de abrazo, con tu sonrisa de flor
nunca marchita, y eso confieso esta noche tímida, eso duele más que cualquier
cuchillada de escorpión, siempre supiste como destruirme con amor, todo tipo de
amor, y por favor no llames error a las
palabras dichas, que el viento las desintegre pero no vos...
Aquellas palabras escritas con tinta indeleble las conservo en tantos
sitios, se volvieron indestructibles, me resigne a que estarían conmigo hasta
desvanecerme... Sospecho que será una eternidad lo que duren, pero no el dolor,
ese estará conmigo hasta que se me antoje mandarte a un sitio destruido y
nuboso en el que me siento en el primer escalón del ático, veo nuestras fotos y
sonrió feliz.
Sé que la oveja puede ser lobo, monstruo o dios, se que puede crear y
destruir con habilidad de polvo cósmico, podrías usar mi clavícula como
almohada o como punto final, podrías reducirme a migajas de pan o llenarme de
helio el amor, Se que el amor y el coraje duermen tirando de un hilo, y que es
imposible rozar uno sin despertar el otro, sin embargo sos volcán y luna, sol y
espuma de cerveza , ya has probado amar odiando, destruir llorando... ¿Jugarías
a quemarme con azufre esta noche o me acompañarías a agonizar brincando
de universo en universo contando agujeros negros de la mano del olvido?
Y yo que no sabía lo que era ver un amanecer ahogada en llanto, hasta
que descifre tu espalda al descubierto en otro entorno del cual yo no era
parte, el pasar desapercibida a tu lado por la indiferencia de tus miradas,
noches que ya no eran más nuestras, lunas menguantes desperdiciadas sin el olor
de tu cigarro, platicas incoherentes con tu ausencia, estallidos previos a tus
entonces estímulos, y lo compensaste todo con la intermitencia de intervalos de
amor.
¿El amor nos salva y nos queda? ¿Queda rastros del brillo de los soles
rojos de poemas viejos que te escribí aun en tus ojos?
Aun me debes mucho, compartir tu cerveza, la dedicatoria de tu libro,
un viaje en bicicleta que nos lleve hasta el mausoleo del Ché, convertirme en
tendencia en alguno de tus poemas, escuchar por accidente nuestras corcheas en
el viento, abrazos que terminarán en ecos de discusiones anteriores, intentos
de someterme a tus ideales...
Te debo tres años en el país de la revolución, una caja con las cenizas
de los besos que me quedaron y queme, un susurro misterioso con tu café con
leche en las mañanas, un viaje a la cuna del capitalismo, un beso bajo el mar,
una historia miserable, las narraciones que te robé por el placer pecaminoso de
verte registrar mi habitación con tu cara de sol inquieto, con tu cara de
querer acostarte a mi lado y que todo
sea azul, con mis manos tocándote,
usando de excusa el frío, Te debo un par de vidas, quizá dos o tres...
Y es que nos debemos tanto, por suerte somos seres con la desdicha de
la eternidad, solo nos queda el amor a la brevedad de un universo inferior,
solo porque lo veremos destruirse a nuestro alrededor, mientras tanto nos
veremos a los ojos, y ambas reiremos, quizá comencemos de nuevo, faltan tantos siglos.
Tantas vidas, tantas formas, tantos colores, tanto amor. ¿Nos vamos al
mundo de los sueños donde todo caóticamente comenzó?
Porque el planeta que un día creamos, quedo devastado, pero aun así, es
nuestro, volvamos algún día a visitarle.
Antes de que te vayas esta vez, olvide decírtelo en el trato lo que doy a
cambio de tu poesía envenenada, lo que doy por este romance literario, por esta
infidelidad compartida, por vos…