Dejar de escribir como forma de castigo
saltarme las pausas con tabaco
morder la sangre que salpican tus palabras
vivir en los días inversos
Organizar la rebelión de la tristeza
militar en la causa de tu olvido
armarme con la sobra de tu último café
y atrincherarme armada hasta la valentía
con cada una de tus mentiras
adormitar entre mis brazos la esperanza
para cada mañana sin verte despertar
gastarme calendarios de nostalgias
Desayunar un simulacro de yo puedo
construir andamios de disculpa y culpa
besar al salir tus labios lejanos
reducir a imperceptible la resaca del dolor
y sonreír al pensar este naufragio.
jueves, 19 de marzo de 2020
martes, 17 de marzo de 2020
Vómito del quinto mes.
Caminé por el paisaje infernal
con la razón y el poder en mi cruz,
simulé personajes alejados de todas las realidades
y rompí mil veces la malolientes paredes psiquiátricas
No habían internos esperando abrazos en la puerta
ni poetas gritando a viva voz viscerales versos.
Había ausencia de delirios líricos
Escasez de empatía y cúmulos enormes de desesperanza
La dicotomica diferencia se mezclaba en los patios
y cada mirada desorbitada era una puñalada de futuro,
Un escupitajo de pudriente porvenir,
atiborrado de vertiginoso vacío,
saciado del abismo más profundo de perturbación
Los gusanos que se comían la piel y las ideas
era la única señal de vida.
La puerta sucia de metal
un portal a un desfile suicida
a un paisaje de mil anocheceres sin luna ni estrellas.
Una oscuridad azulada o verdosa
cual preferencia de anciano desahuciado
encogido al margen social
desechado de cada placer
abortado de la vida.
con la razón y el poder en mi cruz,
simulé personajes alejados de todas las realidades
y rompí mil veces la malolientes paredes psiquiátricas
No habían internos esperando abrazos en la puerta
ni poetas gritando a viva voz viscerales versos.
Había ausencia de delirios líricos
Escasez de empatía y cúmulos enormes de desesperanza
La dicotomica diferencia se mezclaba en los patios
y cada mirada desorbitada era una puñalada de futuro,
Un escupitajo de pudriente porvenir,
atiborrado de vertiginoso vacío,
saciado del abismo más profundo de perturbación
Los gusanos que se comían la piel y las ideas
era la única señal de vida.
La puerta sucia de metal
un portal a un desfile suicida
a un paisaje de mil anocheceres sin luna ni estrellas.
Una oscuridad azulada o verdosa
cual preferencia de anciano desahuciado
encogido al margen social
desechado de cada placer
abortado de la vida.
Versos en cuarentena.
¿Cuántos versos tendré que esbozar antes de mi próximo fracaso?
¿cuántos atajos deberé cerrar para no volver al olor de tu cuello?
Para no regresar al punto y coma de tus labios.
Para no llenarte de pestañas en mis sueños,
y llevarte sutil en los suspiros.
¿cuánto más deberé naufragar hasta llegar a la isla de tu olvido?
¿Dónde deberé encallar para sumergirme en la playa de tus piernas?
Una ultima vez,
o en definitiva,
hospedarme la eternidad de una cuarentena en las siluetas de tus ausencias.
¿cuántos atajos deberé cerrar para no volver al olor de tu cuello?
Para no regresar al punto y coma de tus labios.
Para no llenarte de pestañas en mis sueños,
y llevarte sutil en los suspiros.
¿cuánto más deberé naufragar hasta llegar a la isla de tu olvido?
¿Dónde deberé encallar para sumergirme en la playa de tus piernas?
Una ultima vez,
o en definitiva,
hospedarme la eternidad de una cuarentena en las siluetas de tus ausencias.
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