domingo, 3 de mayo de 2020

Cronología inversa de la conducta masturbatoria en cuarentena.

4.
Intenté contornar los horarios y me obligue a ir a la cama antes de las 3am.
Desconecte todos los dispositivos electrónicos y me fui imposible dormir.

Deambulé entre Keynes y  Álvaro Desleal y fue imposible encontrar confort o sueño.
Me tumbe sobre la cama y ni siquiera me desvestí, sobre la ropa y con movimientos con desdén, inicie el concierto de gemidos.

Encendí mi móvil como quien busca señales de vida desde un faro y envié un mensaje a uno de mis dispuestos amantes, respondió de inmediato y luego de un innecesario cardinal saludo le dije que me masturba y pensaba en él.

Estoy segura que se masturbo al otro lado de la pantalla mientras hablábamos ampliamente sobre mis gestos de dolor cada vez que me penetraba,
de como sentía placer cuando me sometía con un poco de ternura y de como con sólo mis gemidos puedo provocarle una erección.


Entre mensajes y orgasmos llegué a las 3.49am y no sé si temblaba de placer o por la ausencia de sueño.




3.
La bruma del destiempo recorría la casa con total libertad, decidí a las 1:37am poner una lavadora, el olor a audaz me golpeó la nariz haciéndome estornudar repetidas veces.

Me senté a recobrar la respiración mientras mi cabello trenzado golpeaba mi pecho de cuanto en cuanto y rozaba uno de mis pezones, al percatarme repetí el movimiento voluntariamente hasta que la estimulación me hizo lamer mis labios.

Puse ciclo corto y pulse on al mismo tiempo que sumergía mi mano bajo mi corto y ya húmedo short azul. Me masturbe apoyándome en la lavadora los primeros 17 minutos, me sentí chorrear, palpitar y gemir, acabé empapando mi mano mientras miraba el cielo sin estrellas mientras sentía la soledad más viva que nunca.

 Sin estabilizar la respiración, me arrecosté sobre la pared y sin mucho preámbulo propio, volví a penetrarme, con más fuerza que antes, me vine a los pocos minutos y el temblor de mis piernas me hizo sonreír.

Regrese de golpe de mi erotización a darme cuenta que la lavadora había parado, sonreí cómplice conmigo misma, lave mis manos, recogí mi cabello, tendí la ropa, regrese a la habitación y soltando mi cabello, comencé nuevamente a intencionalmente mover el trenzado sobre mis pechos.




2.
Parece que esta rueda mágica del tiempo rechina, cada vez más con total naturalidad y absurdidad.

No recuerdo la última vez que me fui a dormir como un acto consciente.

Eran las 6:00am, el despunte del alba se hacía sentir, puse agua para café y mientras esperaba con los ojos clavados en el muro detrás de la ventana de la cocina, decidí masturbarme. Fue un orgasmo dudoso, paré cuando el temblor de mis pierna y el olor a sexo invadió la cocina, serví el café y me senté en medio de la minúscula sala.

Pensé en lo abrumante que son los días, en dónde encontrar trigo fresco para alimentar al con cenzontle de mi pecho, en las palabras gritadas de Nacho Vega sobre la solitud.
Degusté el café en total silencio.



1.
A destiempo y por rutina, ocurrió.

Fue quizá la 5ta o 4ta vez del difuso día, solté mi cabello, senté a la orilla izquierda de la cama y pensé a quién escribirle y fantasear.

Voy a recordar como me la metés mientras me toco escribí y el mensaje desembocó en 3 números diferentes.

Dos, respondieron al instante con peticiones vouyeristas, otro, ofreció su compañía.

Me vaciaron sus respuestas, me desnude, solté el móvil, tomé agua y me metí bajo la sabana a follarme con inicial ternura, pensé un poco en uno de ellos, en lo violento de sus labios y en las 4 maneras favoritas que tiene de jalarme el cabello, en su olor, en su gesto preeyaculatorio, en el sabor de su semen, en las marcas que dejan sus mordidas en mi piel.

El primer orgasmo llegó antes de lo esperado, cambie de posición y de intensidad, siempre seguí pensando en él, en la suavidad con la que toma mis caderas, en el ritmo de su cuerpo sobre el mío y en el tono de su voz cuando me da ordenes. El segundo orgasmo fue prolongado y el más placentero. Tome el móvil, grabé dos audios, uno a él, el otro a lo más cerca de lo prohibido. El tercer órgano fue por vicio y amor a mis gemidos, mi cuerpo cedió al cansancio antes que mi mente.

Y justo ahora mientras redactaba esto sobre la húmeda hoja de papel de mi escritorio, las letras se volvieron tan extensamente excitantes y  comencé a masturbarme de nuevo.

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