sábado, 2 de mayo de 2020

Día 49

El aislamiento ha sido absoluto, llevo semanas sin salir al patio y empece a dormir de día para huir del sol.

He dejado de responder los mensajes de texto y voy cerrando de a poco la comunicación interhumana porque me parece innecesaria, prescindible.

Suelo ver con perspicacia los dispositivos tecnológicos en busca de rastros de invasión virtual y los sonidos de la solitud sólo los dejo romper por mis pensamientos que rebotan en cada pared.

Bebo más café que agua y comer se convirtió en el único protocolo inamovible, hago el desfile de cuarto - baño - cocina en calcetines para despistar mis pasos y evitar que los miedos que se durmieron debajo de la cama se despierten.

Deje de sentir ansiedad, deje de ver noticias y deje de sentir prisa. El desdeñoso tiempo se me diluye en leer textos de otros mundos, rever las mismas series de televisión porque me niego a diálogos nuevos y a escribir compulsivamente.

Mis pesadillas se han convertido en deliruims tremes los últimos días y son habitadas por Borges y Olivero. Despierto cada mediodía con ropa que desconozco, sin ánimos de salir de cama y con un espejismo de hambre.

De cuándo en cuando 9 aparece y parece que rompe en colores todo a su paso, de cuando en cuando el sonar de los aviones rompe en olores nuevos el ambiente, de cuando en cuando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario