mañanas lluviosas,
sueños en tonalidades morado bajo los ojos
y un mueca por sonrisa,
que es imposible no dudarla.
Tiene el corazón atiborrado de naufragios
y un altar con precipicio que desemboca en
los mil pedacitos de su alma,
tiene cajas, triángulos y figuras abstractas
por sueños
y su piel con aroma a advertencia.
Carga títulos de maestrías en fracasos de todo tipo,
respiran a carcajadas sus cabellos despeinados
cuando escuchaba decir vacíos te quiero,
lleva por pulseras las marcas de todas las veces en que
se ha soltado de la cordura.
Las 4 letras de su nombre son sin duda el precio más
barato para navegar en el infierno más colorido que un
arcoiris,
porque es ahí cuando revienta en fuegos que queman,
que te hacen quedarte quieta,
viéndola destruirse mientras sonríe,
mientras entre tazas de café y tarde huecas
se susurra que no conoce otra forma de vivir.
Te grita sin decir palabra que cada catástrofe
que supone sus besos; te dejará con los huesos y el corazón roto
pero no existe motivos en el mundo para no tomar su mano
y desvanecerse en el caos de sus caderas.
Advierte que no debe bromear a quedarte
si no estás dispuesta a jugarte el destino
saltando sin demoras desde una cornisa sin mirar hacia abajo,
si no estás dispuesta a vivir inviernos sin sol
y primaveras con versos y flores,
si no estás dispuesta a correr tras ella cuando te suplique que la dejes.
Puedes quedarte; te dirá,
si llegas a entender al tomar su mano que su color favorito es la tristeza
y que le va tan bien sobre sus hombros y sus letras,
sobre sus días en los que se parte la piel y las entrañas
y escupe un poema mediocre
si llegas a entender,
que incluso ella, no se entiende.
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