domingo, 17 de enero de 2016

Empujón.

Se cuela entre mi pelo el olor a frutas 
y pienso en los poemas que voy a escribirte cuando 
tus dedos no desfilen  por mi espalda.

Con cada puesta de luna
he comprendido que la soledad es hacer todo pensando
en ese momento; de contártelo,
en esa alegría que no puedo compartirte,
porque lo mío es aeropuerto de barcos
y no entendí que le temes al mar.

La noche me aplasta
y me deslizo en el hueco de aire en mi pecho
entre los recuerdos que aún me saben a café,
mezclo mis oscuridades entre facturas desdibujadas
y me empujo a escribirte un hola.

Escondiendo que quisiera contarte que te pensaba
mientras caminaba sobre las banquetas de un parque,
una noche de un martes que olía a soledad

quisiera decirte que mis tristezas a tu lado
son el simulacro del dolor que será mi próximo naufragio; cuando te vayas,
y que aunque me gasto aviones en evitarlo
no podre pedirte que te quedes.

Porque fueron tus alas que aunque sangran, existen,
las que me enseñaron que huir también es tomar de la mano y decir "vamos"
que tirarse de un acantilado sabiendo que dolerá 
es una forma bonita de decirte te quiero,
y que se puede sonreír mientras el viento nos muele a besos.

Es tu figura quien quemó mis entrañas
y me grito entre violentos silencios que ningún poema volverá a tener sentido si no habla de tus labios
de tus miedos tendidos sobre mi cama
de tu piel con olor a mentiras cortándome el cuello
y mis besos cubriendo las heridas que le diste a cada uno de mis sueños.

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