lunes, 14 de septiembre de 2015

De misantropías mal curadas.

 Me preocupa mucho lxs humanxs que no odian a la humanidad.
Que no sienten revolvérseles las tripas cuando tienen frente ellxs, ese conjunto de partículas con forma binaria de cuerpos estereotipados en humanxs.

Sin duda, los filósofos antiguos que hace siglos sentenciaban que lxs humanxs somos lo peor de la evolución, una especie de error, la corrupción hacia lo cruel, vomitarían de insatisfacción al ver lo corto que se quedaron en sus definiciones.

La historia no puede detenerse y al parecer la destrucción que se entrelaza en nuestra civilización, que indiscutiblemente llevamos costurada en las costillas, tampoco.

Pero ¿Es la humanidad entendida como el conjunto de humanxs con todos sus proyectos que trascienden en el tiempo la que despierta estos pensamientos o es el humanx, ese conjunto de existencia materializada en huesos, carne y órganos? Puesto que sin la existencia y desenvolvimiento en el espacio y tiempo de lxs humanxs, no podríamos hablar de humanidad como proyecto, los pensamientos que luego convertimos en sentimientos son provocados por y hacia ambas cuestiones.

Lo escoria lo somos en todo los aspectos, desde lo más mínimo hasta lo máximo, cualquier cosa que podamos recordar, imaginar o pensar sobre el accionar humano, podrá ser re analizada y se le encontrará una finalidad egoísta, cutre y miserable.

Al correr de los años, nos hemos organizados en sociedades dentro de las cuales creamos estructuras basadas en la explotación, violación y destrucción de lxs más débiles, sin importar su especie. Estructuras que todxs consiente o no de ello, alimentamos aún actualmente.

La explotación no solo es de lxs humanos sobre lxs humanxs, va mucho más allá, es la explotación de lxs humanxs sobre todo lo existente, tenga o no vida, propiamente dicha.

Conductas, roles, preferencias, gustos, ideologías, profesiones, hábitos alimenticios, obras de arte, ideas, todo es creado bajo una cosmovisión  antropocentrista, misma que dentro de su nociva existencia crea la discriminación en todo los ámbitos humanos; cognoscitiva, económica, étnica, de género, racial, lingüística, social, laboral, religiosa, ideológica, etc. El androcentrismo es mortal cuando nos lleva al especismo y al falocentrismo.

El encadenamiento, la mecanización mental y las dinámicas implantadas en todxs, bajo estas condiciones y para los fines de mantener este ritmo existencial, nos lleva a la violación de la libertad de otrxs y de nosotrxs. Nos coartamos a nosotrxs mismxs correlacionalmente de cómo coartemos a lxs demás.

Nos acomodamos a la idea científica de que somos lxs únicos seres vivos que pueden razonar, crear, dominar. Nos auto-colocamos en la cúspide de una pirámide de dominación que nosotrxs mismos creamos y usamos de respaldo moral este hecho en todo accionar humano corrosivo.

Nos auto-colocamos la categoría de civilizados y abusamos de la dotación natural y nos creemos con la potestad de matar para satisfacernos física (consumo de otros seres vivos, autodefensa) y emocionalmente (deportes como cazar, pescar, tauromaquia).

Cometemos los abusos más crueles a nuestrxs semejantes, asesinamos por obtener medios para adormecer entre las manos de unxs pocxs la facilidad de ejercer poder, creamos cárceles para otras especies y justificamos esta extrema violencia en nuestra seguridad, cuando la única verdad es que las demás especies deberían huirnos, por su seguridad.

Creamos guerras para apropiarnos de pedazos de tierra, torturamos a quienes  discrepan con este auto-asesinato salvaje que cometemos nosotrxs lxs humanos, violamos el derecho a la vida, matamos dignidades, traumatizamos mentes hasta estropearlas, gobernamos con terror y para el terror, creamos leyes para la regulación sistemática de todxs, profesamos religiones nocivas que no son más que opio en las multitudes, implantamos rígidos cánones morales para no salirnos del estricto desfile de mascaras descorazonadas que es la existencia humana, manipulamos necesidades creando dependencias emocionales innecesarias, construimos sentimientos para jugarle a la culpa si intentamos resistir a participar en ésta obra melancólica que protagonizamos todxs.

Y sobre el caos sin fin que hemos creado, falsamente nos conmovemos por las consecuencias de nuestra insensatez, lloramos sobre los cadáveres de niñxs, gritamos a viva voz justicia e igualdad, nos limpiamos la culpa en todo este juego siendo solidarixs con lxs más necesitadxs, siendo hospitalarixs con lxs refugiadxs o emigrantes, con lxs desprotegidos.

Ayudando campañas para la no discriminación, para promover la igualdad de género, dando lo que nos sobra de nuestra inútil acumulación monetaria a otrxs humanos con enfermedades que nosotros mismos causamos, fingimos sobreestimar la vida y palidecemos ante la muerte, hipócritamente celebramos la vida cuando hasta al respirar lo único que le hacemos al planeta es quitársela.

Ignoramos todo esto por comodidad cognoscitiva, por el miedo que llevamos implantado en la piel, porque una mentira dicha mil veces se vuelve verdad y nos han contado sobre la selección natural, sobre la supervivencia de la especie, sobre el egoísmo innato, sobre todos esos cuentos escritos por nosotrxs mismxs para mantener este escenario que se cae solo de tanta sangre que lleva encima.

Nos hemos dicho y hecho de todo para mantenernos en este falso equilibrio que nos lleva precipitadamente a la extinción. Y al final del libro, lo único lamentable de todo esta bomba de tiempo, es que en su estallido no sólo lxs humanxs desapareceremos, a nuestro paso, llevamos los cadáveres de miles de seres vivos más, que como nosotrxs mismxs, son sólo víctimas mortales de la humanidad.


Me preocupa que lxs humanos, sintiendo en entraña propia lo que somos, no se odie a sí mismo y no odie a sus semejantes, el mundo no necesita mega-proyectos para la reacomodación poblacional para funcionar mejor, no necesita explorar galaxias lejanas para encontrar vida, la tiene aquí, justo bajo de nosotrxs, le bastaría con erradicar la existencia humana, le bastaría con la desintegración mágica de nosotros, los seres realmente perjudiciales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario