domingo, 19 de abril de 2015

Dolor violento.

“No puedo explicar cómo quedó el cuarto del hotel en Río. Lo destrocé. Dolor violento. Perdí tanto la conciencia que hoy no me acuerdo exactamente lo que sucedió. Era como un animal enjaulado en su propio dolor. [...]”  - Fito Páez, 1986-

El dolor le rompió el pecho en lágrimas, se mordíó los labios con toda la alevosía posible, sus puños golpearon insistentemente la pared. Sus ademanes explotaron en silencio y sus gritos ahogados paralizaron a las mariposas que estaban a su alrededor.

Las campanas del parque sonaron 4 veces y las personas que engañaban la vida caminando por ahí ignoraron las partículas de sufrimiento que esa llamada telefónica había introducido en su garganta, ignoraron la escasez de sensatez que le columpiaba en los poros.

La quietud le cayó del cielo a las 5 pm y de golpe los sentimientos se le esfumaron. Se levantó del cemento sucio donde había colocado su falda y caminó sin rumbo (o huyendo de él), tratando de hacer más largo el encuentro que ambas; Ana caminando bajo la ciudad de tarde y Claudia sabían que se debían.

Se habían separado hace más de un año, y sus encuentros se volvían más escuálidos al paso descarrilado del tiempo. Ana volcaba su inconformidad existencial en la militancia rutinaria y el café. Claudia estaba ya próxima a egresar de profesional de salud mental. Ambas conservaban, aunque ahora ya en diferentes contextos su aburrición por la simplicidad de la vida y su ficción desmesurada por la literatura.

Fueron fuego y supieron arden muy bien juntas, fueron llama que hace explotar el mundo en conféti, fueron barco suicida precipitándose a una isla, café caliente viendo el mar mediterráneo, fueron poesía escrita en su propia entonación, fueron existencia. Se amaron y se rompieron las ideas, las entrañas y la piel. Fueron protocolo justo del decadente amor romántico agonizante, fueron perfección consumida en el volcán del miedo (De Ana) a perder la libertad, fueron aves, fueron naturaleza bañada en sangre, poema grotesco escrito en medio de un deliriums tremes, fueron dictadura y fueron resistencia, fueron comisuras de carcajadas y lagrimal herido, supieron existir y explotar cada instante, cada color, casa sensación, y sintieron como terremoto cada instante de su vida juntas.

Fuero el amor siendo el amor y así, como efervescencia gástrica, las cenizas y humo de su estridente romance, se apiló entro los libros por leer, las mudanzas y las revoluciones fallidas, el miedo, la pereza y las ganas de vivir aventuras diferentes, las llevo a vacaciones con viajes diferentes, terminando en una separación que ambas hicieron pasar por saludable.

La bocina de un automóvil sacudió a Ana de su letargo y la realidad en segundos le destrozo los pulmones. Era de noche y estaba a algunas cuadras de donde sabe (aunque no sabe como lo sabe) esta Claudia. Había dejado de fumar hace meses pero aun así, busca entre sus cosas su paquete de cigarros, fracasa. Pensó que debería estar camino a casa, también en Susy, el conejo con el que compartía cuarto, en la ropa sin doblar que debía estar sobre la cama y luego, nuevamente en Claudia.

Gritó, esta vez el grito le desgarra los ojos y cae sobre el pavimento, desarmada se reincorpora y regresa sobre su camino, huye cada vez más de la proximidad de su encuentro. Sonó su teléfono
-amor, ¿dónde estás? ¿Estás bien?
- Ana respondío con un silencio triste.
- Amor, por favor, decime donde estas, estoy preocupado
- Estoy bien, quiero estar sola.
- Amor, ya lo sabes... voy para allá.

Ana bajo el teléfono y lo sintió real, al nombrar las cosas se vuelven realidad. Lloro, grito, trato inútilmente de expulsar el dolor lo más lejos de su boca, golpeo al viento, lanzo puñetazos queriendo golpear al hechor que no conocía que le ha causado ese infinito dolor. Era tarde y se sintió sin fuerzas, peleó hasta donde pudo, pero la realidad terminó por humedecerle cada tejido de su camisa.

Sabía que Claudia estaría esperándola aún. Se apresuro, la incertidumbre la bordeó y entró en éxtasis, saltó en la floristería, busco los lirios, todos los que encontró y pagó con las escasas monedas que le quedan.

Caminó e intentó hacer huir su mente con los melodramas de la poesía, eso la había salvado siempre de todo, "que escribir nos sirva para vivir" solía decir, pero ¿qué habría que decir sobre la utilidad de la escritura para morir? ¿Del filo que posee un poema malintencionado en un alma frágil?, pensó incluso en la forma de hipérbole en que quizá años después podría redactar este encuentro. Cuando falto una cuadra comenzó a temblar, la batalla campal en su cerebro fue una apología a la colonización y las entrañas le hirvieron a los mil tonos.

Cada paso más cerca le hizo supurar el dolor, le supuro las lágrimas, el sudor y la violencia le inundó los receptores de neurotransmisores y se salió de sí. Entró al salón y los ojos escrutadores de los presentes le hicieron sentir expuesto cada recoveco de su conciencia, lloró, como sólo una vez había llorado, precisamente en ese mismo lugar. Gritó, como hace algunos años había gritado, exactamente frente a ese mismo lugar, sintió cada microparte de su ser partirse como si un rayo en forma de realidad le hubiese partido los huesos.

Se sintió cronopio en un entorno tan cruel, figuro en el escenario de la tragedia más abrumadora para su ser, el llanto no le basto para desenfrenar la herida. Destrozo las flores, su ropa, pateo y golpeó a todo el que quiso acercársele, se dejo consumir en el arrebato de violencia explosiva un par de minutos hasta que cayó desmayada y la violencia le sació la sed.

Despertó y sintió su mano entre las manos de su ahora pareja, él la incorporo y entendió que su dolor violentaba hasta la hiel, le beso la frente y la acerco, dando pasos hacia atrás la dejo subir nuevamente al carrusel violento que era el choque con la realidad y que sabía que Ana debía montar una y otras vez, por algunas minutos o quizá horas hasta que pudiera entender que ahora estaba ahí, dejándose morder por el dolor más violento que ha sentido en toda su vida. Frente el al ataúd donde Claudia a partir de ahora se pudre.

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