jueves, 24 de noviembre de 2016

Cuentos para quizá soñar.

Siempre era de noche en el pueblo <La Furia> ubicado entre el Pueblo Paleta y Pueblo Florencia. Hacia frío, los 333 días de la semana, las 333 semanas del año. La casa de Silver, ubicada en la mitad de la calle principal era la más iluminada, destilaba un increíble brillo tricolor las 333 semanas del año, pues; ¡SIEMPRE ERA NAVIDAD! Las continuas aglutinaciones permanentes de gente frente a su casa, observando la belleza de esta, desagradaba mucho a Silver, pues aunque era un niño de 10 años aún guardaba dentro esa antropopia desaprendida de los bebés. Él prefería las aventuras exploratorias con su amigo Sander (su vecino desde siempre) Clafere, Chanshey, Squirtle y Psyduck (sus mascotas). Le gustaba subir hasta la montaña cercana y ver a los Ho-oh y Articunos jugar y claro, subían también para hablar durante horas con Antonio y Durito sobre la formación de las estrellas ¡vaya que les fascinaba! Con los años, Durito y Silver forjaron una amistad única, ya que compartían una extraña pasión por los juegos de predicción; comenzaron practicando Tarot ( juego que consistía en adivinar la similitud del dibujo de una carta con las consecuencias del tiempo en las personas) hasta terminar locamente obsecionados con Yu Gi Oh (juego que consistía en destruir al otro ¡con cartas magicas!) El tiempo corrió y el dúo de jugadores se expandió y creció más y más mostrando así las cartas su poder más y más. Empezaron a contarle a la gente del pueblo sus descubrimientos sobre magia y cuanto sabían ahora de las estrellas. El primero en unirse fue Antonio, luego Sander y Chansey, los hermanos Mr Mine, la familia Pascual con todo y sus 7 hijos (todos Doudrios) ¡Todo el pueblo tenía algo que aportar ahí! ¡todo! De pronto, en un momento llegó la recompensa esperada, todo el esfuerzo, toda la magia, todos los desvelos dieron resultado ¡habían creado la alquimia! ¡habían roto el tabú! ¡habían alargado el tiempo! ¡habían agregado una hora al día! La algarabía y la energía se apoderó por siempre del pueblo La Furia, y así, desde la montaña del Suroeste había nacido el inicio de la expansión de la esperanza, las cosas podían cambiarse y todo era posible ¡La alquimia! ¡La vida! ¡La alegria!

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