viernes, 12 de septiembre de 2014

¿Dónde termina el piropo y nace el insulto?

Hoy mientras estaba en una plaza de mi ciudad, tomando un café, un señor de aproximadamente 46 años, se sentó junto a mi mesa y a pesar de que yo leía el comenzó a tener una conversación, por respeto contestaba con monosílabos y un par de sonrisas cordiales pero que indicaban que no tenía interés, el  hombre en cuestión, luego de presumir su posición social, me toco el trasero al momento en el que me levantaba de la mesa y me iba.

Esto provoco que yo reaccionará golpeando e insultándolo y él respondió con insultos del calibre “putas baratas más bravas me he cogido” y cosas por el estilo. El guardia de seguridad de la plaza, al ver el alboroto (gritos y alegatos de ambos) se acerca y me toma por el brazo, me pide que le explique y yo evidentemente muy alterada y molesta le comienzo a explicar, seguido él me toma nuevamente del brazo sugiere que me calme y suelta la fulminante frase “es que usted tiene la culpa por cómo anda vestida”.

De sobra esta decir que mi indignación fue tanta que mi enojo se multiplico, haciendo que la dueña del café saliera y se involucrara, terminando su participación con un “no miré cálmese no se meta con ese viejo tal por cual” bla bla bla, pero es que es su culpa por cómo se viste”… Ese fundamento no lo tolero de ningún ser humano, no lo tolero de ningún mujer, pero es imperdonable de una mujer de aproximadamente 25 años en pleno 2014.

Mi indignación, rabia, tristeza, frustración me hicieron caminar media cuadra tomar una piedra y lanzarla contra el vidrio trasero del vehículo del señor, a la vez que le decía “esto es para que aprendas a respetar a las mujeres”, lo que sucedió después es irrelevante, porque es en este punto donde me pregunte, ¿Por qué vivo en una sociedad donde tengo que exigir a pedradas respeto?

¿Dónde termina el piropo y nace el insulto?

Pasar frente a un grupo de hombres nunca me ha provocado nada, sus halagos muchas veces subidos de tono no me provocan más que una verdadera sonrisa cuando ando de buen humor (porque vamos que a veces son muy ocurrentes) o malas caras cuando no (cuando ando de mal humor no me gusta que ningún humano me hable, más que por lo que dicen en sí).

Esto porqué mi cuerpo no está dentro ni cerca de los estándares de belleza de mi país, mi cara no entra dentro de los cánones de bonita y mi forma de vestir esta abismalmente lejos de ser llamativa. (Digo esto utilizando los parámetros de las enseñanzas sociales del concepto de belleza impuesta por el patriarcado).

 Esto me permite camuflajearme cual antílope en sabana, pero aún así los dos últimos días que he salido de casa hacia la universidad utilizando ropa que  no uso con regularidad, y que me he visto obligada a usar ahora, por motivos tan racionales como no tener ropa lavada/limpia (no detallaré esto porque es inservible) he recibido una cantidad de piropos casi ridícula, piropos que ya no son silbidos e invitaciones indecorosas (Mami/amor/tita vamos a X lugar),  ya no es un comentario alusivo a alguna parte específica  de mi cuerpo (que rico esos pechos/piernas/cintura/etc. Si dicen rico, como que somos un trozo de comida),  ya no es un aviso de caballero protector (tita/mami/ le ayudo con X cosa) o una insinuación ofensiva de inutilidad económica (esta es nueva: Mami yo trabajo, te mantengo),  es pasar de tener la libertad de decir algo ofensivo a hacer algo abusivo.

Y aquí nace mi conflicto interno, yo que defiendo a muerte la libertad de todos los individuos, mi lógica me dictaría que un hombre está en el derecho de ejercer su libertad y puede, si él desea,  tocar mi trasero y yo estoy en la libertad, si lo deseo, de golpearlo y dañar su propiedad privada.  Pero ¿dónde está el límite para él y para mí? ¿Dónde está el límite de la libertad individual si es que lo hay?

Decir que el límite de la libertad de un individuo esta cuando se  topa con el bienestar físico, emocional o económico de otro individuo  es una postura con un par de agujeros negros en ella; ya que el bienestar  es subjetivo, esto nos pondría a tener libertades desiguales conforme al entorno en el que nos desenvolvamos y eso de la desigualdad no debe existir no en la cantidad de oxígeno que respiramos.

Entonces ¿Dónde encontramos ese límite? ¿Lo hay? El límite esta justo se pierde la capacidad de responsabilidad. Es decir que cuando un individuo no es consciente de sus actos y no puede asumir la responsabilidad de estos, ahí, en ese momento ese individuo ha perdido su libertad.


La libertad (y esto me costó aceptarlo un par de años por lo que viví en el libertinaje en mi adolescencia) trae consigo una enorme caja, la caja de la responsabilidad; entre más grande sea esa libertad más pesada será esa caja.

1 comentario:

  1. Es porque no hay igualdad de genero, las mujeres podríamos ser igual de abusivas que ellos y cambiar la sociedad, sus costumbres y cultura que debería actualizarse por lo menos cada 2 años hahahah

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