Me he sumergido lo suficiente en la mugre de la ciudad
he lamido la sangre que brota de mis bordes golpeados,
de mi cansancio.
Los dragones que dormitan las calles vacías
me han deborado las entrañas
La obscuridad de la grasa de la capital
impide que reconozca mi rostro
me hunde en este caos
me quiebra con su frío
me patea la esperanza y me impide huir
Me he contagiado de furia,
violencia,
impaciencia ,
del vomito pintado es las esquinas
de desesperación y prisa,
de indiferencia
Me he manchado las manos con la pus que chorrean
adoloridos,
todos los poros olvidados de estas ruinas,
he aprendido a respirar el humo
y a camianar sobre las cenizas
a conducir en medio de la mierda y el ruido
Aprendí a domar el lado salvaje de la vida
Escupiendo mi humanidad y mi animalidad
bebiendo hasta el fondo el veneno del miedo
y renunciando a todo rastro de ternura.
La brutalidad de esta ciudad y su gente me ha consumido.
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