Y en el cielo templado
las copiosas nubes
los árboles que silban las voces de antiguas deidades y tu voz
el sutil olor del desamparo paterno y tu ausencia lamiéndome la sombra
el lejano cantar de las aves
¡ah, las aves!
recordatorio constante de un pájaro herido que llevo en el pecho
tierno
caliente
palpitante
absurdo como palabras muertas
danzante al son de tu desdén
delirante al sol de cada una de tus rupturas
Y veo a mi niña huérfana en peligro
y veo al gorrión herido en mis manos
lo cuido,
lo curo,
lo emborracho
Y camino sin rumbo alejada de todas las verdades
magullándome en los contrastes de la vida
la cotidianidad
lo inexistente
lo real
lo común
traspasan mi piel
Y al final sólo soy una noria fuera de control
descarrilada
desorientada
golpeada hasta la inconsciencia por cada una de las ausencias
golpeada hasta la inconsciencia por el paso de la vida,
por el peso de una lágrima
por el silencio de un arrullo a la niña que nunca fui
por la decadencia de la sonrisa que no dibujé
por la gravedad y la dimensión gigante de todos los multiversos donde no te tengo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario