Te aposté desde el verso último de un epitafio sin rumbo.
Te aposté y mire en el borde de tus ojos
el último cúmulo de mis esperanzas vencidas
Te pelee en medio de un batalla silenciosa contra mis miedos
Te elegí cuando en la rocola de mi vida no sonaban más que boleros desteñidos en el olvido
Y justo al minuto final,
Cuando mis manos cargaban por únicas maletas estas ganas locas de amarte sin medida,
Fallaste.
Fallaste como se equivocan las flores que revientan en un invierno perpetuo y no tiene opción otra que morir despacio,
Fallaste, como fallan los amantes que por descuido se olvidan el camino hecho a besos que termina en una risa,
Fallaste, y descubrimos que no había un corazón que romper, si no una vida.
Y de pronto, en el compas que hacen tus párpados al cerrarse
la forma de mi cuerpo se veía imperfecta.
El camino de lunares de tu pecho no me pertenecían
Tus labios no eran más mi exclusivo paraíso de saliva
Y tus manos ya no bailaban al ritmo de las mías.
Todo se convirtió en los ecos de un precipitado derrumbe
En un profético suicidio de lágrimas,
En rencores atrincherados en la sien
En origamis de preguntas y huidas sin salida.
La atmósfera fue el carnaval de la tragedia
El desfile de los dolores disfrazados de perdones.
Los traumas haciendo pausa en cada una de tus palabras
Y las absurdas razones columpiándose en los más alto de tus rizos.
Los días se convirtieron en una guerra perdida
En un vaivén de mentiras
En una inconsistencia de recuerdos
En orgasmos fingimos
En desesperación naciente.
En ganas latentes de un hasta aquí.
Me refugie en el desánimo
Hice mi cama mi última guarida
Y entre las almohadas, el café y las excusas
Me construir razones de papel por las cuales mirarte a los ojos y decirte que vamos,
que te perdono;
que vamos; que te quiero.
que me atrevo a bailar una segunda vez,
al son de tus latidos
que me sigo derritiendo si tus dientes me muerden;
y que si me lo pides,
me quedo toda la vida
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