Camino a casa y pienso en Bokowski
en lo bien que me aplican sus asquerosas líneas
para describir mi miseria.
La vida que es un pozo lleno de fango
y nosotros los que nos regocijamos si vemos un poco de sol
o lluvia.
La ciudad despierta con su furia
y la rutina literaria destruye
esos oxidados laberintos envueltos en pasillos
con cristos crucificados en las paredes
con sonido de ventiladores
ladridos de perros más felices que nosotros
El despertado condiciona mi desdén
juego con el conteo de los minutos
los achico, les pongo pimienta
los veo desvestirse,
les toco las entrañas
Me lamo los labios y pienso
en qué canción sonará mientras el agua
me quita el olor a orgasmo.
Pienso en su cara de placer
me recreo la tarde anterior
sentada, sintiéndole, en cuatro
Me ajusto la ropa; sucia y cansada
me desenredo el cabello
y el acordeón de preguntas se desliza por el espejo
¿De qué sirve?
¿Para qué?
¡Johder! llego tarde, de nuevo
camio y pienso
su vos, camino y siento dudas
La rutina plasta los sueños
me quejo, me quejo por quejarme
la queja es la nieveque nos ahogará tarde o temprano
se asoma un vestigio de culpa
la callo con versos de Fito Páez
que voy tarareando sobre el bulevar
Si fuese escritor
si a alguien le importase el dolor del alma
pienso en mis pseudopoemas
y veo a los leones calatosos de un circo decadente
reírse de mi,
teniendo más entusiasmo por la vida, que yo
El miedo me apesta de cerca y el dolor se me da mejor
cuando el cielo de duerme
cuando la tarde no es gris.
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