viernes, 18 de abril de 2014

No me toques.

Yo no debería estarte escribiendo estas lineas desesperadas y llenas de la sal de mis ojos,
pero veme aquí, bajo la luna de las 6 de la tarde
dándole vueltas a tus palabras

"No me toques" dijiste
y aunque fue entre risas
y al instante siguiente te arrepentiste tan honestamente
con un "no, no importa, tranquila"
Me atrevo a confesarte con el sabor de mi ultimo cigarro en la boca
que me rompiste el corazón.

Me rompiste el corazón así como se rompen los cristales más frágiles
como se rompen las rocas más toscas
me rompiste el pecho, me desgarraste la piel.

Nunca sentí tanto asco de mi ser
como cuando de tu boca se deslizaron esas palabras
y no porque revelan que te perdí
por imbécil te perdí.
y no porque subiste al cielo lejos de mi
no porque sentí mi amor latente hacia vos chocar contra
el metal más frío, no corrosivo y cruel del mundo

Te desfiguraste en mi memoria
te desbibujaste como acuarela derretida por la lluvia
te me esfumaste, te fuiste de mis ideas como el humo
sale con fuerza de mis pulmones...
te fuiste ya de mi.

Y mi goteo sentimental escupido con melancolía y odio
en este papel no es un reproche disfrazado de poesía, no
por qué ¿cómo podría yo juzgarte con la medida que yo te dí?
¿cómo podría sentenciarte cuando yo criminal también fui?

El asesino también puede morir
y con certeza de árbol puedo decirte
que no hay peor muerte que la que das
y te vuelve con mas fuerza e intensidad.

(Me largo (en todos los contextos) porque la cuchillada dolió
Te amo, y abiertamente te digo, que ya no importa, ya no intentaré nada
para estar con vos, he terminado de tejer mis alas, volar libre
sin acercarte al sol, siempre serás mi ovejita, y no quiero que nada malo te pase...
me devuelvo a la oscuridad de cuidarte sin que te des cuenta, como cuando estuviste
en los Estados Unidos. Con el amor insignificante de siempre, Patito.)

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