miércoles, 14 de agosto de 2013

Fluctuación anímica.

El amor nunca es suficiente, 
o al menos eso dicen todos los versos suicidas de este último poema que te escribo.
Besarte ya no significa nada, 
o al menos eso susurran las gotas de sudor que bailan por mis hombros.

Las hojas muertas y procesadas que sostienen mis manos transparentes 
se declaran culpables de extrañarte cada noche que fueron prisioneras de mis tintas azules, 
de mis ideas movidas, de los vasos rotos.

Te extrañare, escribí. 
Y esta fue mi ultima mentira, 
la primer mentira que te diré, 
y la proa de todas las que me cree.

Forje en tu aura múltiples estalactitas las que ahora por gravedad caen sobre mi cuerpo, 
cortan mi piel, 
me hacen derramar la sangre que ya no tengo, 
me hacen vomitar las lagrimas que ya no corren por mi pupila, 
me hacen llorar las mariposas secas que guarde por mucho tiempo en mi.

Con mi ultima mueca en forma de segundo paréntesis sostengo tus manos cálidas aun, 
dentro de las mías pequeñas y frías del tiempo, 
con mi con mis ganas de llorar como un cacahuete en mi garganta, 
estático, 
caliente, 
con un cubo de hielo en el justo lugar donde el nido de aquellas mariposas un día nacieron 
y vivieron años, 
años que las alimentaste muy bien, 
tus ojos, 
tu piel, 
tus besos y vos, 
tu voz.

El café tan poético de tus ojos murió el mismo día que ellas huyeron tras tu recuerdo, 
detrás del espejismos del ser extraterrestre que fuiste 
tras tus migajas soltadas sin querer, 
tras la sombra de tu amor, 
y mis dientes presionándolas
callando mi voz. 

Yo la he matado.
Yo las he puesto a la intemperie de la radiación UV del sol
y al final del funeral (idea violada) de estos cadáveres que escupo con la sangre de mi tos
en el epitafio se gravara, con las alas de las que quede, 
la frase preferida y predilecta, 
"El amor no es suficiente, o no lo se"

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