jueves, 12 de enero de 2012

5 de julio 2011

Y siento la sequedad existente en mi boca
sabores perdidos surgidos de la nada
puedo verme caminar sobre mi lengua roja
y veo esas montañas de piel, con ciudades hermosas

Y nadie habla
nadie ve pueblos eternos, niños de miel...

Mis colmillos de sangre, los veo morir, des existir, revivir
Y recuerdo la lluvia que nunca sentí
mi saliva como tsunami pasa por mi garganta,
destruyendo sus edificios, sus casas
Pero existen... ellos existen...

Y las pruebas del rey comienzan de 0
Me invita con el, me invita a descender
Y antes de decir no... ¡Yo no tengo voz! no veo, soy uno de ellos.. y siento...
Comienzo.

Mi propia saliva se vuelve veneno,
veneno que trago y ni aun así muero

Comienza el descenzo
y sobre las cuencas de mis ojos siento esos cuernos
me siento cayendo entre líquidos de colores,
y me pierdo
Despierto sin piel y sabiendo a miel

Soy una criatura de sangre
sin venas, sin músculos, solo tengo sangre
Y en la ciudad de fuego
comienza el ascenso
y ahora se que causo dolor, ardor...

Veo a los pingüinos sobre el lago de fuego
lanzando a palazos en notorio desorden ese mismo fuego contra las paredes de vidrio
El vapor es insoportable
los veo despellejarse...
y ellos no paran, ellos siguen
buscan llegar a su sangre
y el residuo de esta fabrica destructora de vida
es esa bocanada de azufre maloliente
que sube por su laringe y sale por esa boca,
en forma de suspiro,
como erupción silenciosa de volcán...
matando al pueblo ciego y mudo
dejando bajo las montañas de piel
insectos que crecerán y serán pingüinos y pueblos
pero ninguno explorador intergalactico...
desde afuera de su boca...


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